divendres, 27 d’abril de 2012

Eddard Stark


Eddard Stark y el principio del deber

Eddard Stark
El personaje honrado por excelencia de Juego de Tronos (al menos por lo que sabemos de él), el arquetipo del caballero, está encarnado por Eddard Stark. Su fuerte sentido del honor y la lealtad le llevan de su tranquilo hogar, Invernalia, a ser la Mano del Rey y más adelante al cadalso. En la plaza pública es decapitado por la espada de la justicia que el mismo blande en el primer capítulo de la serie para castigar a uno de los desertores de la Guardia de la Noche. Puede parecer casual per no lo es. El círculo se cierra en Edd Stark pues aparece decapitando por ley y acaba decapitado por la ley que ha jurado obedecer: la ley del reino y del rey. ¿Como llega Stark a ese momento crucial, a ese instante en el que la vida se bifurca y un hombre alcanza la gloria y otro se hunde en el barro? Por honor, simple y llanamente. Por honor y por amistad acepta el ofrecimiento de Robert Baratheon para acceder a un cargo teñido de sangre. Todo por su amistad con el amigo Robert, compañero de aventuras y fatigas de juventud. Un fuerte sentido de la amistad y la fidelidad son una de las características de este hombre: Edd Stark, un personaje de corte aristotélico y kantiano. Padre de familia y hombre de la ley. Por honor y por imperativo categórico decapita a un hombre al que cree inocente, no puede dudar en aplicar la ley aquel que la sustenta, pues todo el entramado jurídico del reino se vendría abajo. Uno de los temas filosóficos de esta deliciosa serie que aparece  ya en los primeros compases del capítulo primero: la distinción entre ley, moral y ética. La decisión ética de Stark es obedecer la ley y sus principios, sus imperativos categóricos (como los llamó el filósofo alemán de Königsberg, Immanuel Kant). Pero enseguida percibimos esa contradicción. Ley no es igual a justicia, pues esta puede corromperse, ser ciega o simplemente ser el velo bajo el que se oculta la maldad, o mejor dicho la ambición de poder de los hombres. Stark es un idealista. Cumple la ley y acepta su destino, pero condena su familia. ¿Donde está aquí la Justicia?
I. Kant
             Avisa a Carsei Lannister, la infiel esposa del rey Robert (una reina Ginebra incestuosa y tan bella como pérfida) de sus intenciones de desvelar la verdadera paternidad del heredero al trono: Joffrey Baratheon (genéticamente un Lannister de pura sangre). Un acto de humanidad. Para evitar un baño de sangre se condena a muerte; pues avisar al enemigo es como besar a Judas Iscariote, una temeridad propia de alguien bondadoso, de un caballero "cristiano" como Stark. Por hacer el bien Stark da tiempo a las víboras de la corte para tenderle una trampa. A veces los hombres buenos preparan el terreno de los actos más atroces. Pues la muerte de Stark desencadenará un conflicto terrible. Si él no hubiera muerto un simple canjeo de prisioneros habría evitado la guerra, pero tras su muerte ya nada volverá a ser igual.
Ejecución de Nedd en
Desembarco del Rey
       Hay algo de Sócrates en su aceptación estoica del destino, aunque quizás no lo bastante ya que al final acepta mentir para salvar a su familia, algo que el griego nunca habría hecho. Así de cruel es George Martin. Por ideales es capturado y cuando los traiciona también encuentra la muerte. Ya es demasiado tarde. Muere por el capricho de un niño en el cuerpo de un rey: el enfermizo Joffrey, un espeluznante adolescente que parece salido de un anuncio de McDonald's y que es uno de los aciertos del casting. De su hijo bastardo hablaremos más adelante...

La Mano del Rey





dimecres, 25 d’abril de 2012

Tyrion Lannister

El Gnomo epicúreo: Tyrion Lannister


"Casi todos los hombres prefieren negar la verdad antes que enfrentarse a ella"
Tyrion Lannister (Juego de Tronos) 




De todos los personajes de Juego de Tronos hay uno que llama la atención desde su primera aparición en pantalla: el medio hombre Tyrion Lannister. El hecho de pertenecer a la temible casa del león de oro le dota de un poder que no podría ni soñar estando entre la plebe, pero entre los suyos no es bien considerado, menos por su propio padre, su madre murió al darle a luz. Afloran en él todos los conflictos freudianos posibles, inevitablemente en la serie se hacen bromas sobre el tamaño de su falo, sobre su capacidad amatoria: en definitiva los pilares fundamentales de la supuesta hombría. Su forma de vida le aleja de la imagen típica que los de baja estatura tienen en las historias fantásticas: los bondadosos Hobbits, los traviesos Gnomos o los ceñudos enanos.

  
       
Tyrion es un hombre lisiado, , como el Dr. House, un medio hombre y a sabiendas de eso actúa viviendo la vida no con resignación sino diciendo sí a la vida como nos aconsejaba el filósofo F. Nietzsche. Aunque su lengua viperina le acerca más a los sacerdotes que el filósofo alemán deploraba en El Anticristo que a la bestia rubia que ensalzaba con su estruendosa retórica (¿Es Jamie Lannister un ejemplo de bestia rubia, de superhombre de moral aristocrática y incestuosa?). Su estilo de vida es significativamente epicúreo, se aferra a los placeres del cuerpo, seduce,  y disfruta de los manjares que su condición le puede proveer. Pero no desdeña los placeres intelectuales: la lectura y la oratoria, arte en el cual es un maestro consumado. Muy elocuente es el capítulo en que un hombre le reprocha su gusto por los libros. El enano confiesa que alguien débil como él tiene sus propias armas. No es el único personaje de la saga que confiesa la misma debilidad. ¿Son las confesiones de un George R.R. Martin que se hizo mago de las letras porqué no podía ser guerrero? Nunca lo sabremos.
         El pequeño Lannister cultiva la amistad, el buen manjar y la sabiduría, todos con moderación, aunque el griego no creo que aprobara su relación con prostitutas y cortesanas; pero también gasta una ética acorde a su estirpe y educación familiar. En un mundo de dudosa moral poco podemos reprocharle a Tyrion, pues su primera experiencia amorosa fue bastante traumática, narrada en un delicioso momento freudiano par excellance en la tórrida juerga que Bronn, el guerrero y la cortesana de Tyrion se montan en la tienda antes de la batalla "trampa" de los Lannister y los Stark. Hay en Tyrion una fuerte voluntad de poder,  sin duda Alfred Adler habría encontrado un buen paciente para demostrar su conocida teoría psicoanalítica basada en la obra del F. Nietzsche: la vida adulta consistiría según Adler en la superación de la fragilidad y la vulnerabilidad sentidas durante la infancia, a un ego dolorido y endurecido como el que suponemos en Tyrion le espera un gran futuro como Mano del Rey intrigante. Si el lector encuentra demasiado forzado mi análisis puede cerrar el blog o recordar como acaba el padre de Tyrion y pensar en Edipo rey y su trágico destino. La sombra de S. Freud es, a pesar de todos los matices que se quieran hacer a su obra, muy alargada...



La Mano del Rey


dimarts, 24 d’abril de 2012

Captatio benevolentiae

Captatio benevolentiae

“(…) El poder reside  donde los hombres creen que reside. Ni más ni menos. (…) Es una farsa, una sombra en la pared. Pero las sombras pueden matar. Y a veces, un hombre muy pequeño puede proyectar una sombra muy grande.”
   Lord Varys, la Araña (Choque de reyes)


Una reflexión sobre el poder. Este es  uno de los pilares sobre los que se sustenta el hilo argumental de Juego de Tronos. Este blog inicia su andadura con la intención de compartir con otros internautas (ya sean fans de la serie o el libro, o ninguna de las dos cosas) la pasión por la filosofía y por Juego de Tronos, la heptalogia de George R. R. Martin. Pero hay elementos más allá del poder que pueden comentarse en la magnífica obra de Martin, entre ellas una sinfonía de personajes interesantes, cada uno con sus matices, sus pasiones, sus virtudes y sus defectos, unos personajes que a veces se evaden de su arquetipo para desbordar la pantalla o el libro y llegar al alma del televidente o del lector. Quien escribe estas líneas estuvo a punto de leer hace tiempo el primer tomo de Juego de Tronos cuando salió en catalán editado por Devir (Cançó de foc i glaç) y no cayó la breva porque pensó "bueno será otra Dragonlance u otro Señor de los Anillos". Craso error. La vida siempre da segundas oportunidades y cuando la serie empezó a despuntar tomé paciéncia y esperé a ver la primera temporada entera para no caer en los tan abundantes y temidos spoilers. Fue empezar el primer capítulo y ya no pude parar.
         Por vez primera en la fantasía épica encontraba a alguien que no tenía miedo de decirle al lector algo que ya John Steinbeck había destacado en las obras del Ciclo Artúrico de Thomas Malory: "No me asombraba que Uther Pendragon codiciara a la mujer de su vasallo y la tomara mediante engaños. No me asustaba descubrir que había caballeros malignos además de caballeros nobles. También en mi pueblo había hombres que lucían los hábitos de la virtud pero cuya maldad me era conocida. En medio del dolor, la pesadumbre o el desconcierto, yo volvía a mi libro mágico. Si yo no sabía escoger mi senda en la encrucijada del amor y la lealtad, tampoco Lanzarote sabía hacerlo. Podía comprender la vileza de Mordred porque también él estaba en mí; y también había en mí algo de Galahad, aunque quizá no lo bastante. Pese a todo también estaba en mí la apetencia del Grial, hondamente arraigada, y quizá aún lo esté".

Hay pocos fragmentos de la literatura que digan tanto en tan poco espacio y que a la vez (con un sutil cambio en los nombres de los personajes, y en el Grial por el famoso Trono de Hierro) puedan representar tanto la esencia de la obra de Martin y la del lado oscuro, o no, de la naturaleza humana. Quién puede negar que haya algo que admirar en la nobleza de Nedd Stark, en su forma de vivir, de obedecer las leyes de forma kantiana  y en su muerte, tan socrática; o en la ambición de los Lannister por alcanzar el poder, un poder que pocos filósofos han descrito tan bien como Hobbes o Maquiavelo, o incluso F. Nietzsche. Los tres son autores de referencia para comprender, para ver y no solo mirar y admirar la obra de Martin. Y también el sexo, descarnado en la serie. En un mundo  como el de los 7 Reinos  que no conoce el cristianismo la religión no coarta el cuerpo, un cuerpo a veces al servicio del poder, un cuerpo que se exhibe, que goza y que sufre; en un mundo con moral, pero una moral no cristiana, pero con indudables raíces europeas, una especie de siglo XIV-XV de transición entre el medievo y el renacimiento. Nada lo simboliza más como las dos familias de la primera parte de la saga: los Stark (una familia feudal, de tintes escoceses y antiguos dioses) que acuden a la guerra con los estandartes de los señores que les son fieles y con quién les unen lazos de vasallaje renovados por las buenas o por las malas; y los Lannister (un nombre con regusto a los Lancaster de la Guerra de las Dos Rosas, bellos, ricos, anglosajones e intrigantes) precursores de un maquiavelismo que hace correr tanto el dinero como la espada, sin hablar de la estrategia incestuosa que los lleva a la corona en la figura del despiadado, cruel y un poco "degenerado" Joffrey Baratheon. Y mucho más...
         Este blog tiene como objetivo difundir las relaciones entre la filosofía de los grandes autores (sí, aquellos que estudiamos en el instituto) con la serie que mas nos gusta. Relacionar lo sagrado con lo profano, ver más allá de donde nuestros ojos ven, comprender con el alma como decía Platón. Quizás descubrir si nosotros seríamos capaces de sentarnos en el Trono de Hierro y resistir su encanto, de  no sucumbir a su embrujo de poder y reflexionar si seria posible obrar Bien y poder afirmar sin dudar que seríamos reyes justos de las tierras de los 7 reinos.

La Mano del Rey