dimecres, 6 de febrer de 2013

2-La esclava


2-La esclava 

Odalisca y esclava (Ingres)
Las moscas revoloteavan a la espera que los dos hombres se olvidaran de la fruta azucarada que se deshacía por el calor en un plato de bronce. El baile de la chica que danzaba al latido  de una música embriagadora tenía distraído al que miraba escondido tras una celosía de madera trabajada con ricos arabescos. Era el ayudante del Gran Oráculo, el primero de los Inmortales. Y no tenía mucha paciencia. 

-¿Hasta cuando tendré que esperar que esta hija del desierto se mueva de forma turbadora para tomarla y llevarla al Gran Oráculo? -Preguntó al hombre gordo y sudado que tenía a su lado.
-Es el último baile con su dueño. ¿No me dejas disfrutarla por última vez? -Replicó el hombre mientras se jactaba agitando un gran haz de plumas y resoplaba.
-Sí claro. Este era el trato.
-Quince bolsas de sal roja por una esclava. Un buen precio. El Gran Oráculo puede estar contento.
-Y vos también, contando que la obtuvisteis gratis cuando era pequeña en alguna rapiña contra los hombres del desierto. -respondió una voz grave mientras un dedo acariciaba un gran anillo dorado.
-Ay, de eso hace mucho tiempo. La memoria a cierta edad juega malas pasadas. Todavía la veo niña, como cuando llegó a mi  harén de concubinas. ¡Esclavo, un poco de elixir! - ordenó a viva voz.

Allí sus deseos eran órdenes y apresuradamente dos hombres se aproximaron  para servirle. El hombre bebió del elixir mientras las curvas de la se agitaban protegida de otras miradas furtivas. Hay placeres permitidos sólo a los ojos más selectos.


Al poco la esclava y un hombre fornido entran al palacio y se dirigen al Templo y residencia del Gran Oráculo. Franquean todas las puertas fácilmente. El acceso al santuario es imposible para la plebe, pero a un hombre como Jaduasar nada le está vedado en palacio. Llegados ante la puerta del Gran Oráculo la mujer se despide de él agachando  la cabeza. Las puertas se cierran con un estruendo y el hombre desaparece como una sombra.

Por aquel entonces, en la ciudad, Hiryab, el traficante, agoniza entre grandes espasmos y retorcidas maldiciones. Lo han envenenado. Está seguro, pero quién podria... Quizás su eunuco, Jimaní, quizás  Hareb, su amante de brazos fornidos y tez cobriza, o tal vez su mujer o alguna de sus concubinas. Ya es tarde, sabe que morirá y nunca sabrá que fue el mismo hombre que le compró su mejor esclava, por un precio demasiado elevado, el de la propia vida, el que ha llevado la muerte y la ruina a su casa. Cuando muera sus bienes serán requisados y su familia vendida en los mercados. Los cargos: el asesinato del Gran Oráculo. Un crimen perpetrado por una esclava de lengua venenosa. Una mujer que, desaparecida misteriosamente, nadie identificará cuando encuentren un cuerpo flotando en el río de Zandarab.


El nuevo Gran Oráculo se ocupará de buscar a los culpables entre el consejo de ancianos de la ciudad que serán procesados y luego ejecutados al despuntar el alba rojiza. Así lo manda el Oráculo y nadie ha contradicho el Oráculo en doscientos años y nadie lo hará ahora. Los escribas anotan en el libro del Templo, con mano firme y trazo siseante:  Jaduasar, hijo de Horenbab y Haima, primero de los Inmortales deja el servicio terrenal para dedicarse exclusivamente a servir la casa de los Dioses como Gran Oráculo de Zandarab y señor de las Dunas. Que así sea y así se haga su voluntad.


4 comentaris:

  1. Me ha hecho evocar la historias en la corte de Mereen. La verdad es que Danza de Dragones tiene un aire muy oriental.

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    1. La verdad es que lo publiqué por tu comentario anterior en la otra entrada. Mira así publico cosas mías y me tomo un respiro y puedo sacar el gusanillo de la escritura que tenía olvidada...
      ;)

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    2. Pues que honor!! ^^. La verdad es que como ya te comenté, me ha recordado mucho a las historias de Mereen de Daenerys, pero sin el tedio que me producían éstas por su excesiva longitud :D

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