dimarts, 18 de juny de 2013

La libertad y Juego de Tronos

La libertad y Juego de Tronos ( por Siscu Vilaprinyó)

"Ésos son tus nuevos hermanos, Jon Nieve, ¿te gustan? Campesinos hoscos, deudores, cazadores furtivos, violadores, ladrones y bastardos como tú. Todos acabáis en el Muro, vigilando por si aparecen grumkins, snarks y todos los monstruos con los que te asustaba tu ama de cría. Lo bueno es que los grumkins y los snarks no existen, así que como trabajo no es muy peligroso. Lo malo es que se te congelarán los huevos, pero como de todos modos no te dejan tener hijos tampoco importa mucho."
 Tyrion Lannister

Thoreau
El papel del individualismo y el rechazo a las instituciones y los controles del estado va cogiendo en Juego de Tronos una importancia insospechada. Los personajes de George RR Martin no sólo tienen un universo propio y una rabiosa voluntad de vivir bajo sus principios, sino que un bloque importante de ellos también se ciñen a un código de valores que parecen heredados de las ideas de Thoreau y los pioneros americanos. En Estados Unidos, la idea de la libertad individual y el rechazo al estado es compartida por la derecha, pero también en buena parte por la izquierda. Un pacifista y precursor de la desobediencia civil como Thoreau defendía que había que tener un fusil en mano —para cazar, no para matar—, y estamos hablando del mismo hombre que considera «la desobediencia como fundamento de la libertad. Los obedientes son esclavos». Las ideas de Thoreau, que pasó unos años solo en el bosque viviendo con sus propios medios, han fecundado a pensadores posteriores como John Zerzan, un visionario también americano que preconiza el anarcoprimitivismo, es decir, abandonar la vida urbana y la agricultura, y la supresión del tiempo como tal. David Graeber, en Fragmentos para una antropología anarquista, sigue a otros autores del siglo XX como Pierre Clastres asegurando que las sociedades, por poco que puedan, desconfían del Estado y buscan evitarlo y vivir al margen. Los 'salvajes' de George RR Martin son el exponente de esta voluntad de deshacerse de las cadenas del Estado y de preferir vivir en el primitivismo.
T. Adorno
En el apartado filosófico, en el siglo XX nadie como Theodor Adorno expresó el temor hacia la extensión de la maquinaria del poder del estado —la razón instrumental— por encima de las finalidades auténticas y esenciales del ser humano. El estado termina pervirtiendo el hecho cultural. En la historia de Song of Ice and Fire, la maquinaria del poder acaba siendo tóxica incluso para los que defienden la legalidad. La fidelidad y la lealtad a las instituciones quedan completamente desvirtuadas cuando precisamente el modelo caballeresco y de integridad que es Ned Stark es liquidado por el propio poder legal. Entonces, esta legalidad entra en descrédito y la confianza en el 'sistema' se va diluyendo.
Jeremiah Johnson
Ante la ausencia e inexistencia de la idea del poder legal, la literatura y el cine de Estados Unidos han parido cientos de historias de hombres y mujeres que buscan la libertad en el mundo salvaje. Películas como El hombre en una tierra salvaje o Jeremiah Johnson, exponen la pugna del pionero solitario contra una naturaleza agresiva, pero también generosa. Este último film nos recuerda el sueño de Thoreau: el retorno del hombre a la naturaleza, la fusión con el medio y el respeto por el entorno para construir un proyecto individual. Aunque la película es de 1972 y hay evidentes paralelismos con la Guerra de Vietnam, la estética y las imágenes de la aventura de Johnson en las nevadas Rocosas nos transportan también a la odisea de Jon Snow, en el mundo más allá del Muro, en medio de un invierno muy crudo.
Pensadores como Sigmund Freud han expuesto a su manera el anhelo del hombre para volver al estado de salvajismo primigenio (v. El malestar en la civilización). Existe el precedente del lugar común del 'buen salvaje' de Rousseau y otros autores. Pero cuando George RR Martin describe los 'salvajes' que viven en el Norte del Muro, y el descubrimiento progresivo que hace Jon Snow, el prisma es mucho más americano. Por ejemplo Mance Rayder es una criatura que, entre la organización de la Guardia de Noche y la libertad de los salvajes, elige esta última: se consagra a vivir fuera de los límites de la civilización. Elige una peculiar comunión con la naturaleza, como Henry David Thoreau. La considera una mejor decisión, la más apropiada.
Ahora bien, los que viven más allá del Muro son una versión sombría del mundo de Thoreau. No son individuos, sino que son un colectivo; están en guerra permanente; conservan, sin embargo, la voluntad de huir de las ataduras del poder sistematizado y renuncian a la agricultura (de acuerdo, el terreno tampoco es proclive para plantar tomates)  en favor de vivir de lo que da el medio.
Guardia de la Noche
El paralelo con los nativos americanos del western con los salvajes es patente durante todo el relato de Juego de Tronos. La extraordinaria resistencia al frío de los hombres y mujeres del extremo norte, por ejemplo, es una de las ventajas que los pensadores anarcoprimitivistes reivindican de las sociedades no civilizadas y que también hemos visto en los indios americanos. El «no sabes nada» que Ygritte repite a Jon Snow tiene el símil en las miradas sarcásticas del caudillo ‘crow’ a Jeremiah Johnson cuando quiere pescar o del explorador Kee-ni-Tay hacia el teniente De Bruijn en Ulzana’s Raid (1972), hablando sobre excrementos de caballo. En el mundo salvaje, hay otras verdades, las convenciones no sirven. Como en las sociedades tribales, no hay moneda, es lo que los antropólogos llaman sociedades de 'gift', de intercambiar y ceder presentes: un rifle en  los westerns, una espada en Juego de Tronos. Nos encontramos con el auténtico tablero de juego de la vida. Y como muchos de los protagonistas de los westerns, que se ‘indianizan’ y se juntan con las mujeres nativas como metáfora de identificación con el territorio, Mance Rayder y Jon Snow terminan haciendo lo mismo. Y, como ocurrió en la conquista de los americanos, la sociedad de los salvajes de Juego de Tronos no se derrumba por causas endógenas, sino por la doble presión desde el exterior de Los Otros y de la Guardia de Noche.
La lectura de George RR Martin no la hacemos en clave ideológica ni de reivindicación del primitivismo. El autor no hace ninguna crítica social, sino que todos sus bocetos sobre los diferentes colectivos se quedan en la descripción o el costumbrismo. Da la impresión, sin embargo, que el profundo pesimismo que emana de Song of Ice and Fire es tan en clave existencial como en la relación del hombre con el poder. Y en este caso, el poder absoluto. Aparte de la desbocada imaginación de Martin, en la caracterización de los salvajes de Juego de Tronos parece que se refleja la desconfianza contra la administración propia del sustrato cultural de los USA, amén de un aire westerniano. Y también parece que Thoreau y su reivindicación de la naturaleza y un proyecto social individual se asoman una y otra vez.





1 comentari:

  1. Los hechos históricos de Juego de Tronos :

    http://documentalium.blogspot.com/2013/06/los-hechos-historicos-de-juego-de-tronos.html

    ResponElimina