dijous, 11 de juliol de 2013

Las raíces literarias de Juego de Tronos: comentario a un soneto de William Shakespeare

Las raíces literarias de Juego de Tronos: comentario a un soneto de William Shakespeare

"Había leído a Shakespeare en los Maristas, aprendiendo bastante sobre la tragedia, por eso lo diseñé (Argilac) con el rasgo trágico de la arrogancia, que sería el causante de su caída"
Luz de estrellas lejanas, Autobiografía literaria (George R.R. Martin)

W. Shakespeare
No es ningún secreto que Shakespeare, el bardo de Avon, es una de las grandes influencias de George R.R. Martin. Pero hay un soneto que podría ser un resumen poético de toda la saga. Están allí todos los elementos clásicos de su obra: el orgullo, la vanidad de la lucha por el poder, la gran cantidad de los pretendientes con fines trágicos, la mofa del juglar, el vacío de la corona y por ende el poder y la Muerte, inevitablemente la muerte. 






El soneto en cuestión se llama La muerte de los reyes y reza así:

   Hablemos de tumbas, gusanos y epitafios.
   Que el papel sea ceniza y con ojos lluviosos
   la tristeza escribamos en el pecho del mundo. En el suelo
   sentémonos, por Dios; contemos las tristes
  historias de la muerte que los reyes encontraron:
  algunos exiliados o muertos en guerra; otros turbados por el alma de los depuestos; venenos
  dio la esposa a algunos; quién fue muerto en sueños...
  Y todos asesinados. Dentro la corona vacía
  en el pulso mortal se ciñe el rey, lleva la Muerte a su corte:
 allí de la grandeza del rey el juglar se burla, muecas hace a  la pompa;
 deja un breve aliento y una pequeña escena
 para que reine y le teman y maten con la mirada;
 le infunde la vanidad y el egoísmo,
 como si la carne que esta vida rodea 
 fuera bronce inexpugnable; así el alma y al final la fina aguja
 pincha el muro del castillo y adiós, monarca!


Vyserys, príncipe
destronado
No es difícil pensar en los Targaryen exiliados, en el juglar de Joffrey en desembarco, los venenos de la corona, las visiones de Daenerys, la fragilidad de la vida y la inutilidad de la lucha por el poder que, de forma inevitable, atrae la envidia y la muerte, para dejar un rastro de sangre y una vida breve y brutal. ¡Un gran poema sin duda!


Y de propina otro soneto de William Shakespeare, el número 97, en el que no cuesta imaginarse a la viuda Catelyn y su lamento por los hijos, siempre con la esperanza de que acaba el invierno y el verano traiga nueva vida. 
How like a winter hath my absence been
From thee, the pleasure of the fleeting year!
What freezings have I felt, what dark days seen!
What old December's bareness every where!
And yet this time removed was summer's time
The teeming autumn, big with rich increase,
Bearing the wanton burden of the prime,
Like widow'd wombs after their lords' decease:
Yet this abundant issue seem'd to me
But hope of orphans and unfather'd fruit;
For summer and his pleasures wait on thee,
And, thou away, the very birds are mute:
Or, if they sing, 'tis with so dull a cheer,
That leaves look pale, dreading the winter's near.


La Mano del Rey

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