dilluns, 9 de setembre de 2013

Hodor, Hurbinek y la importancia del nombre

Hodor, Hurbinek y la importancia del nombre


"-Hodor- dijo Hodor.
  -Hodor -asintió Bran.
  -Creo que a Hodor le gusta que digas su nombre -dijo Jojen, dando un puntapié a una piña.
  -En realidad no se llama Hodor -les contó Bran. Solo es una palabra que dice él."
Tormenta de espadas

" Una semana más tarde, Henek anunció con seriedad, pero sin sombra de presunción, que Hurbinek “había dicho una palabra”. ¿Qué palabra? No lo sabía, una palabra difícil, que no era húngara: algo parecido a “mass-klo”, “matisklo”. En la noche aguzamos el oído: era verdad, desde el rincón de Hurbinek nos llegaba de vez en cuando un sonido, una palabra. No siempre era exactamente igual, en realidad, pero era una palabra articulada con toda seguridad; o, mejor dicho, palabras articuladas ligeramente diferentes entre sí, variaciones experimentales en torno a un tema, a una raíz, tal vez a un nombre."
Primo Levi, La tregua


Hodor y Bran, una relación ética y simbiótica
Hodor, un personaje entrañable, de esos que se prestan a bromas tan fáciles como crueles. Hodor, nuestra actitud ante el cual es un espejo de nuestra humanidad, o de la falta de ella. Hodor cuida de Bran en momentos difíciles, es sus piernas y sus brazos. Hodor, humano y inhumano a la vez. Luces y sombras.
Primo Levi, químico y escritor italiano que vivió (y sobrevivió) a la experiencia traumatica de los campos de exterminio nazis, escribió una trilogía (Si esto es un hombre, La tregua, Los hundidos y los salvados) en la que nos dejó, entre otros, el testimonio escalofriante de Hurbinek, el niño de Auschwitz. Como Hodor, Hurbinek -el niño de Auschwitz- vive una humanidad limitada por su condición física y mental discapacitada. Aún así se aferra  la palabra, a una palabra, para expresar su humanidad. Una palabra, una palabra basta para dar sentido a toda una vida. Levi describe así y da testimonio de Hurbinek, el sinnombre, cuyo humanidad había sido truncada: 

Primo Levi
Hurbinek no era nadie, un hijo de la muerte, un hijo de Auschwitz. Parecía tener unos tres años, nadie sabía nada de él, no sabía hablar y no tenía nombre: aquel curioso nombre de Hurbinek se lo habíamos dado nosotros, puede que hubiera sido una de las mujeres que había interpretado con aquellas sílabas alguno de los sonidos inarticulados que el pequeño emitía de vez en cuando. Estaba paralítico de medio cuerpo y tenía las piernas atrofiadas, delgadas como hilos; pero los ojos, perdidos en la cara triangular y hundida, asaeteaban atrozmente a los vivos, llenos de preguntas, de afirmaciones, del deseo de desencadenarse, de romper la tumba de su mutismo. La palabra que le faltaba y que  nadie se había preocupado de enseñarle, la necesidad de la palabra, apremiaba desde su mirada con una urgencia explosiva: era una mirada salvaje y humana a la vez, una mirada madura que nos juzgaba y que ninguno de nosotros se atrevía a afrontar, de tan cargada como estaba de fuerza y de dolor. 

Henek, el muchacho húngaro que cuida de Hurbinek, es, como Hodor, testimonio de compasión, de una ética de la compasión y de una filosofía de la finitud. Hodor y Bran, una relación ética. Como dice el filósofo y maestro de maestros Joan-Carles Mélich, no se puede teorizar de ética, la ética solo puede mostrarse. Y la literatura no dice sino muestra, no informa sino forma. George Martin expone la vida, la muestra, con sus luces y sus sombras, sus matices y sus contradicciones. No podemos habitar el paraíso pero si hay quienes han visto el infierno y pueden dar testimonio de ello: Primo Levi, Arya Stark en Harrenhall, Theon en Fuerte Terror o Hodor en su cárcel interior. 


Theon en apuros
El texto de Primo Levi y el fragmento de Tormenta de espadas de George Martin expresan ambos la importancia del nombre, del nombre propio. Esta tesis psicológica de relacionar íntimamente el nombre con la propia identidad, que explica de un lado la fascinación de los niños,  y adolescentes por ver su nombre en cualquier pared, mesa o libreta, es muy evidente en la trágica transformación a que Ramsay Bolton, psicópata de manual, somete a Theon Greyjoy, cuyo afán por superar al padre y querer ser fuerte y malo cuando en el fondo es un hombre lleno de complejos le lleva a la tragedia. Ramsay se esfuerza en cambiar el nombre a Theon por el de Hediondo a la par que les somete a las más escalofriantes mutilaciones en los momentos más gore y repulsivos de Juego de Tronos. El nombre como algo más que una etiqueta, como esencia, una discusión que en la Edad Media tubo muchas disputas en las universidades. Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus (La rosa que era existe ahora sólo de nombre, sólo poseemos nombres desnudos). Desnudo está Theon ante Ramsay en Fuerte Terror. Para Roose Bolton un hombre desnudo tiene pocos secretos y un hombre desollado no tiene ninguo. Como había  escrito metafóricamente  F.Nietzsche: "Todos usamos máscaras, pero llega un momento en el cual no podemos removerlas sin quitar un poco de nuestra propia piel". En Danza de Dragones Hediondo luchará por volver a ser Theon, recuperando su personalidad a la par que su antiguo nombre, aunque, como Hurbinek o Hodor, un poder bestial les haya exiliado de la humanidad plena, arrebatando su dignidad quizás para siempre. Y solo por nuestro amor a los desesperados conservamos todavía la esperanza. 


Cual es el origen de Hodor, cual es su historia trágica, que se oculta bajo el follaje que Martin ha creado para desvelarnoslo en el momento oportuno. Hodor tiene u
Niños de Auschwitz
n gran papel por jugar aun, estoy seguro de ello. Solo sabemos que se llamaba Walder -pues nos lo cu
enta Bran Stark en el mismo fragmento citado de Tormenta de espadas-, y que era tataranieto de la Vieja Tata. Ya es mucho más de lo que sabemos de Hurbinek, el niño de Auschwitz del cual Primo Levi nos da su testimonio desgarrador concluyendo así su tenebroso y magistral relato: "Hurbinek, que tenía tres años y probablemente había nacido en Auschwitz, y nunca había visto un árbol; Hurbinek, que había luchado como un hombre, hasta el último suspiro, por conquistar su entrada en el mundo de los hombres, del cual un poder bestial lo había exiliado; Hurbinek, el sinnombre, cuyo minúsculo antebrazo había sido firmado con el tatuaje de Auschwitz; Hurbinek murió en los primeros días de marzo de 1945, libre pero no redimido. Nada queda de él: el testimonio de su existencia son estas palabras mías”. Primo Levi murió en 1987 en extrañas circunstancias y se dictaminó que se suicidó aunque nunca se encontró nota ni carta de suicidio aunque amigos y biógrafos cuestionaron esta tesis y su muerte sigue envuelta en el misterio. Su prosa, su palabra, trató de dar sentido a su experiencia, dar constancia del horror, de un horror tan conradiano como real, lo mismo que hace Martin, y, sobretodo, de dar testimonio de los hundidos, de los que no escaparon del lager aunque mantuvo destellos de optimismo dentro de un tono sombrío. Luces y sombras. Se acerca el invierno...


La Mano del Rey





2 comentaris:

  1. ¡¡Que gran artículo!! Tan trabajado e interesante como siempre. No conocía la dura historia de Hurbinek, pero contándola, y comparándola con Hodor y Theon nos has invitado a reflexionar sobre la ética hacia los demás, y sobre la importancia como bien dices, del nombre propio como etiqueta de la identidad. Por eso Hodor se aferra tanto a esa querida palabra, y Ramsey tortura ferozmente a Theon hasta arrebatarle su nombre, y con ello, su identidad.

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    1. Gracias Nerea! En el momento de leer Tormenta de espadas me vino a la cabeza la historia de Hurbinek de la que hablamos mucho en clase pues es un testimonio fantástico sobre la ética. De Joan-Carles Mèlich te recomiendo sus libros pues son maravillosos. Gracias por comentar!! Aver si lo haces en algun otro artículo del blog!
      ;)

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