dimecres, 20 d’agost de 2014

Robb Stark, la pasión mal llevada


Robb Stark, la pasión mal llevada

"¿Qué es el honor, comparado con el amor de una mujer?. ¿Qué es el deber, comparado con el calor de un hijo recién nacido entre los brazos, o el recuerdo de la sonrisa de un hermano? Aire y palabras. Aire y palabras. Sólo somos humanos, y los dioses nos hicieron para el amor. Es nuestra mayor gloria, y nuestra peor tragedia."
Aemon Targaryen


Con la Boda Roja, en el tercer libro, y en el capítulo noveno de la tercera temporada, se pone punto y final a una de las epopeyas de venganza más célebres de la ficción contemporánea. Punto y final en falso. El genio de George R. R. Martin brilla en Juego de Tronos precisamente por desafiar las convenciones. Robb Stark no podrá vengar a su padre ni a los desdichados norteños que cayeron a manos de los Lannister y las demás arpías de Desembarco del Rey. ¿Por qué? Ahora ya es de dominio público. Porqué él muere también.
Robb Stark, King in the North

Sin duda, y más con la excelente incorporación que ofrece el actor Richard Madden, Robb Stark es uno de los personajes con más carisma desde el inicio de la trama de Juego de tronos. Un adolescente precoz y impávido, que decide iniciar una guerra contra el Trono de Hierro, para cobrarse la venganza por la muerte de su padre Eddard —en una ejecución traicionera tras una pantomima de proceso— y la de decenas de personas de su séquito. Robb consigue con el apoyo de sus banderizos y de los aguerridos soldados del Norte, siempre leales a los Stark, una serie de resonantes victorias. Las armas septentrionales, al mando de Robb y ocasionalmente Edmure Tully, su tío, cosechan grandes victorias y solo serán derrotadas con cuervos, mediante la traición. El primogénito de Eddard, invicto en el campo de batalla, caerá durante la boda de su tío, víctima de la traición de los Frey y los Bolton. En aquél momento, en todo caso, la guerra está ya muy cuesta arriba para el Norte, pues las fuerzas del Rey Joffrey han ganado en Blackwater Bay a Stannis.
Con Robb parece cumplirse aquél alegre dicho de Groucho Marx “de victoria en victoria hasta la derrota final”. El personaje ha sido comparado con Aníbal por su facilidad para no aprovechar las victorias en el campo de batalla, es decir, para triunfar en lo táctico y cometer errores en lo estratégico. Maharbal, coetáneo de Aníbal, le intimó que “sabes vencer, Aníbal, pero no sabes aprovecharte de la victoria”. ¿Cuál es el motivo del fracaso de Robb?

Aníbal, Pirro, Carlos XII. La fama del perdedor

"Aníbal sabía como conseguir la victoria, pero no que hacer con ella"
Maharbal, general cartaginés


"The king
who lost the north"
 Rickard Karstark
Canción de Hielo y Fuego es una saga literaria y no es un tratado militar ni una base de datos estadísticos. Martin nos da a entender que el Norte está mucho menos poblado que el resto de territorios de los Siete Reinos y, por tanto, los Stark cuentan con menos recursos humanos que las otras dinastías para nutrir sus ejércitos. Solo los Greyjoy y quizás Stannis —pues Renly parte con la mayoría de recursos de los feudos y con la casa solariega de los Baratheon— parecen contar con menos soldados. En cambio, también nos consta que los hombres del Norte, curtidos en un clima agreste y habituados a luchar por su supervivencia, son combatientes más expertos y feroces. Los triunfos de Robb son a costa de mucha sangre, son un auténtico drama para muchas familias del Norte (los Karstark pierden a dos hijos intentando salvar a su rey). El hijo mayor de Eddard se ve empujado a la guerra y a asumir el trono por distintas circunstancias de causa mayor. En ningún caso recupera motu proprio la corona de los Stark 300 años después, sino que es proclamado por sus hombres. No es por tanto como monarcas guerreros tipo Pirro de Epiro o Carlos XII, que consiguieron su gloria en campañas agresivas en el extranjero, ni como maestros tácticos y carniceros como Aníbal; Robb empieza la guerra no buscando renombre o para labrarse una leyenda, su lucha es una venganza y por la salvación de sus hermanas retenidas por los Lannister.


La comparación con Aníbal, otro gran general que ganó mucho en el campo de batalla y perdió la guerra, podría ser quizás más apropiada que la de Robb-Pirro o Robb-Carlos XII. Aníbal sigue la estela de su padre Amílcar en la lucha contra Roma. Consigue victorias determinantes que inclinan la guerra a su favor, pero perderá progresivamente la ventaja en el terreno estratégico sin haber sido derrotado (su gran derrota fue en Zama, el año 202 antes de Cristo, cuando la
Robb "jugando al Risk"
guerra estaba decidida en favor de los romanos). Aníbal no es rey, como sí es rey Robb, y emprende su lucha que llevará a la destrucción de centenares de miles de vidas de una forma casi gratuita. Ataca a sangre y fuego la ciudad de Sagunto e inicia una violenta ofensiva que le llevará por el territorio ibérico, galo y finalmente Italia. Su tan laureado cruce de los Alpes se saldó, de hecho, con la muerte de más de medio ejército. Sus batallas en Italia fueron buena muestra de su genio táctico, pero el saldo fue una auténtica carnicería inútil. Tuvo que transigir y apoyar actos traicioneros para continuar la guerra. Un horror.
Por tanto, Robb poco o nada tiene que ver con Aníbal. Se equivoque o no en su iniciativa, el Joven Lobo parte a la batalla tras la injusticia a la que ha sido sometido su padre; lucha contra un rey ilegítimo, Joffrey, e intenta acabar con su locura. Sus comportamientos (el respeto a la vida de los prisioneros) y sus emociones y dudas (que vemos reflejadas en los diálogos con su madre) nos demuestran que aún bisoño e inexperto en ningún momento pierde la cordura e intenta que impere en todo momento el sentido de justicia e humanidad que le han llevado a alzarse.

Pirro, rey de Epiro, ganador
de batallas y perdedor
de guerras
¿Tiene concomitancias Robb con Pirro de Epiro? Primo de Alejandro Magno y rey también, Pirro no conoció derrota en el campo de batalla —Benevento, en el 275 antes de Cristo, fue su único revés, un empate técnico con los romanos—, pero vio como lo mejor de su tropa se iba desangrando batalla tras batalla, cosa que hizo imposible que pudiera pactar una paz sólida con sus enemigos. A este monarca helenístico, al cuál el propio Aníbal consideraba el mejor general tras Alejandro, lo perdió su carácter pendenciero y su mala suerte. Vamos, que no se puede querer conquistar el mundo en batallas sin tregua con un puñado de mercenarios. Y además, siendo un cenizo. Murió en una pelea callejera cuando una vecina le lanzó una teja a la cabeza. Sus victorias, como las de Robb, fueron ineficaces a la postre y desde entonces, cuando un triunfo bélico acaba siendo infructuoso e incluso nocivo para el vencedor, recibe el adjetivo de “pírrico”. Parecido a Pirro es otro monarca guerrero, Carlos XII de Suecia (1682-1718) que convirtió su ejército en una horda que aterrorizó el Este de Europa. Ganó a rusos, daneses, sajones y polacos en multitud de batallas campales hasta que su sed de gloria le empujó a sitiar Poltava, en la actual Ucrania. Ahí le esperaba un ejército ruso que le doblaba en número. Encima, una sección de su ejército se emborrachó y él resultó herido justo antes de iniciar la batalla. Los suecos fueron vencidos y después de novelescas hazañas Carlos regresó a su país para morir durante otra invasión, esta vez a Noruega.

Robb, como todos estos ilustres perdedores, carece de buena suerte y sufre tanto por sus errores como a causa de la fatalidad. Pero su fracaso no es el de los nobles y pendencieros Pirro y Carlos XII, que como también Ricardo Corazón de León, entendían la vida de rey como un crescendo de luchas para conquistar la gloria. Esto lo asemejaría a un ‘liante’ tipo Robert. Tampoco su fracaso se debe a los errores estratégicos (aunque tiene) como le ocurrió a Aníbal, por otro lado mucho más sanguinario y despiadado que Robb.
Robb Stark y Talysa, un plano suggerente
que nos "espoilea" a fondo y nos recuerda
a Stannis Baratheon y Melisandre en Rocadragón

La grandeza y la miseria de Robb, su fracaso, se deben a la elevación de su causa. La venganza por la muerte de su padre Eddard y el intento de liberación de Sansa acaban siendo un peso demasiado grande. No cede en el campo de batalla, sino en las contradicciones de su fuero interno y ante las dudas de su gente. Por todos los medios intenta hacer las cosas de forma correcta, siguiendo el librillo kantiano de su padre, pero las va arruinando una vez las afronta. O lo arruinan. Su unión con Jeyne Westerling (en los libros) y/o Talisa Maegyr (en la serie) es fruto de una pasión mal llevada, que no puede reprimir. Quizá de una trampa urdida por Tywinn Lannister. Tampoco parece que pueda frenar su proclamación como rey, hecha por sus fieles, que significa la enemistad de Stannis, que habría sido su aliado más valioso. El deseo de ajustar cuentas lleva a los Karstark a intentar rematar a los prisioneros Lannister, lo que a la vez acarrea la respuesta de rey justo de Robb: ejecutar a Lord Karstark. Y para coronar el desmoronamiento del frente interno, dos hechos impensables: su madre libera a Jaime Lannister a sus espaldas cuando le cunde el miedo por Sansa; y, Theon Greyjoy, que acudió a sus Islas como emisario, se ve impelido a convertirse en peón de su padre Balon.
Robb y su Lobo Gris humillados
en Los Gemelos
Además de los errores estratégicos, Robb es una víctima de la fatalidad y de la multitud de imponderables que hay en la Guerra de Poniente. No nos engañemos, Robb es por encima de todo una víctima de George R. R. Martin que hace una jugarreta de proporciones cósmicas al lector/seguidor de la saga. La muerte de Robb rompe el ciclo clásico de venganza que apunta Canción de Hielo y Fuego des de la muerte de Ned. Un ciclo que cumplen en la tragedia clásica Electra y Orestes, y con Shakespeare, Hamlet. Quizá el anhelo de Robb se trunca precisamente por la imposibilidad de ser rey y conciliar la monarquía con el deber personal: vengar al padre y salvar a las hermanas. En Poniente, el ganador tiende a ser el más descarnado, sean los Lannister bajo la batuta de Tywinn o los Tyrell aliados ahora con Petyr ‘Meñique’ Baelish.
La caída en desgracia de Robb es consecuencia de arrastrar las pasiones (la amorosa, la vengativa, también el amor fraternal) por encima de sus deberes como rey en el Norte. Su talento como militar palidece ante su falta de autoridad para con sus súbditos que no pueden sino sucumbir a sus instintos una vez su propio rey cede a las pasiones.


      Marco Aurelio. Las pasiones y la venganza


"En segundo lugar, la resistencia a las pasiones corporales, pues es propio del movimiento racional e intelectivo marcarse límites y no ser derrotado nunca ni por el movimiento sensitivo ni por el instintivo. Pues ambos son de naturaleza animal, mientras que el movimiento intelectivo quiere prevalecer y no ser subyugado por aquéllos."
Meditaciones de Marco Aurelio


Marco Aurelio (Richard Harris) en el film Gladiator
Ya escribimos anteriormente de los paralelismos, estéticos y filosóficos, entre Jon Snow y los tiempos de Marco Aurelio (121-180), el emperador romano filósofo. Snow, un bastardo, resignado a su sino, cumple admirablemente hasta muy avanzada la saga con su papel (no desvelaremos nada del quinto libro). Hay que subrayar que Jon sí supera varias veces el impulso de volver a los Siete Reinos y, como Stark que es, intervenir en la guerra para ayudar a su hermano (o primo, quizás) Robb. El bastardo, como buen estoico, entiende que debe asumir su papel y no cede ante la pasión. Incluso podemos decir que reprime su amor hacia Ygritte hasta el punto que solo lo consuma cuando es necesario para mostrar ante Mance Rayder que su fidelidad ya no está con la Guardia de la Noche.
Robb, de corazón noble como Jon, no podrá reprimir nunca sus pasiones y sus deseos. Olvida el librillo kantiano y también el de Marco Aurelio, que tan fielmente abraza Jon. “El verdadero modo de vengarse de un enemigo es no parecérsele”. Bien es cierto que el Joven Lobo está lejísimos de Cersei, Joffrey y compañía, pero aunque no compite con ellos en crueldad, sí cede a las pasiones amorosas que han condenado a los Lannister, y se casa con Jeyne/Talisa. También, en lugar de conformarse con una guerra defensiva, no reprime el deseo personal de atacar a los Lannister y se encharca en un conflicto que no puede ganar. Se asemeja así a los brutales conquistadores. Su ejército cometerá también crímenes. Y tampoco evita que sus soldados le proclamen rey (una aspiración legítima, pero que complica definitivamente su cometido).
No hay que ceder ante las pasiones corporales, proclamó el emperador filósofo. Marco Aurelio sabía de lo que hablaba. Su hijo Cómodo, una antítesis de Robb, hay que decirlo, sucumbió a las pasiones y a los deseos, hasta el punto que sus pasiones se convirtieron en una demencia. Kant, en el siglo XVIII, hablaba de la necesidad de reprimir pasión y emoción cuando rebasan los límites. Ironías, a Eddard le pierde ser demasiado firme al deber y Robb cae por ser esclavo de la pasión (Talisa/Jeyne) y no del deber (la chica Frey).
"The lannisters send you regards"
Pirro, Carlos XII, Ricardo Corazón de León, nos quedan lejos, ya que son cabezas de un estado absoluto, autócratas o reyes feudales. La figura del soberano no nos es simpática, pero incluso como tales, fallaron en servir a su pueblo y esto les condenó.  Su desgracia se debió a su mal tino estratégico y a un impulso desmedido de su pasión guerrera, por encima de las obligaciones de rey. Y a la mala suerte. Robb, condenado desde un principio, se asemeja a ellos por sucumbir ante la pasión de otro tipo, la amorosa, pero ante todo, su drama es la urgencia de su ajuste de cuentas con los Lannister y la premura para cumplir con su familia. Los deberes y urgencias personales atropellan al sentido de estado de Robb. Es terrible que el despiadado Roose Bolton, Una tierra pacífica, un pueblo tranquilo, sepa tocar la tecla que el Joven Lobo no encontró nunca como rey.


Siscu Vilaprinyó





2 comentaris:

  1. Mi personaje favorito :(

    Muy buen post.

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  2. Lo de "no sabes aprovechar las victorias" ha vertido ríos de tinta, al igual que quien empezó la guerra, si Aníbal o Roma. En fin, a largo plazo una nueva guerra era inevitable entre 2 potencias militares expansionistas, cualquiera podría haber empezado.
    Yo personalmente estoy de acuerdo con la decisión de Aníbal de no atacar Roma tras Cannae, no tenía suficientes hombres para tomar una ciudad tan poderosa y rodeada de aliados.
    Vaya, es raro por España oír tanto de la crueldad de Aníbal, por ser "español" cae bien por aquí. Los romanos dicen que era cruel, pero claro, es la versión de sus enemigos. Es cierto que matar a los prisioneros antes de escapar del Ager Falernus fue un acto cruel, pero los romanos en sus guerras dieron muchas muestras de crueldad. Para mí si la guerra fue tan sangrienta fue porque se prolongó demasiado.
    Por cierto, se dice que Aníbal perdió la guerra porque sus aliados de Cartago le temían demasiado como para darle mas apoyo, aunque es cierto que era difícil enviarle refuerzos, los romanos sabían lo mucho que se jugaban así que tenían toda su flota vigilando para interceptar convoys con refuerzos.
    Los paralelismos van mas allá. Tanto Aníbal como Robb, sabiendo que no podían tomar la principal base enemiga, apostaron por una estrategia de tomar una por una las plazas fuertes del enemigo. El problema es que mientras hacían eso, por otros frentes iban debilitándose, y ambos fracasaron a la hora de conservar sus aliados y posiciones estratégicas. Robett Glover/Asdrubal Barca, perdieron muchos hombres internándose en territorio enemigo, y Massinissa/Roose bolton, viendo que la cosa estaba perdida, se pasaron al enemigo.

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