divendres, 7 de novembre de 2014

TYWIN, EL AJEDRECISTA

TYWIN, EL AJEDRECISTA

“El movimiento más eficaz es aquel que no se espera; el mejor de los planes es el que no se conoce”
Sun Tzu, El arte de la guerra

Tywin Lannister, El Padrino de Poniente
Un hombre que merece una canción tan triste y a la vez tan amenazadora como Las lluvias de Castamere solamente puede tratarse de alguien áspero, huraño y desagradable. Ceñir la personalidad de Lord Tywin Lannister a estos adjetivos sería tan cierto como incompleto. El jefe de la casa Lannister, responsables de buena parte de los desmanes que ocurren en Poniente, tiene además resonancias borgianas o si se prefiere la versión de El Padrino de George R. R. Martin. Destaca por el apetito de poder, el afán controlador y por la capacidad de mover sus fichas en la gran partida de ajedrez de Juego de Tronos. Su cercanía al poder y su riqueza personal parecen más un fin que un medio para alcanzar la felicidad. Pero ¿quién puede discutirle nada a este hombre? Domina todas las facetas del poder: su pericia en los negocios y con el dinero, pasando por su habilidad en la intriga y, cómo no, su pericia en la estrategia guerrera y en la táctica en el campo de batalla. La crueldad de Tywin es medieval, su clarividencia como estadista es renacentista y su desempeño en las armas lo asemejan a un nuevo Sun Tzu, el autor de El Arte de la Guerra. Parece que George R. R. Martin eligió y combinó diferentes modelos para caracterizarlo, pero los más obvios son los del Papa Borgia, o las de un buen estudiante de El Príncipe de Maquiavelo.
Su prestigio como comandante capaz y descarnado nos recuerdan a otros personajes de la historia. Centrándonos en la guerra fundacional en la que se inspira Martin, la Guerra de las Dos Rosas, aparece Richard Neville, The Kingsmaker (el Hacedor de Reyes). Se trata de un rico aristócrata inglés que casó a sus dos hijas con pretendientes al trono de Londres y fue partícipe del derrocamiento del rey legítimo. Un hombre tan popular como cruel, que intervino durante el terrible conflicto civil inglés apoyando alternativamente a las dos partes. 
               El patriarca Lannister tiene, pues, hechuras de dos tipos de personajes de la misma saga: hábil manipulador y diplomático, como Petyr Baelish, con buen manejo del dinero y, a la vez, un comandante guerrero astuto y competente, como lo son Stannis Baratheon o Randyll Tarly. Y ante todo un pater familias despiadado, que antepone el honor y el poder al bienestar de su progenie, como lo demuestra su primera aparición en la serie televisiva, hablando con su hijo Jaime:

«en poco tiempo yo habré muerto. Tu, tu hermano, tu hermana y sus hijos, todos moriremos y nos pudriremos en la tierra. El apellido es lo que pervive. Ni la gloria personal, ni el honor. (lo que pervive es) La familia». 

Charles Dance, actor immenso
y voz rasgada
La falta de empatía de Tywin para con los demás parece digna de un psicópata, mas su actuación es más propia de la de un ajedrecista que mueve sus piezas en una partida que se alarga desde hace décadas. Tiene los trazos de un Corleone que lleva a cabo un plan concienzudo, en el que cada persona del entramado familiar Lannister tiene un papel. Aunque sea tan huraño como Stannis Baratheon, el patriarca consigue siempre inspirar lealtad y fidelidad en su clan. Sus hermanos, Kevan y Genna, omiten la crueldad de las acciones de Tywin, pues están hechas pensando en un bien mayor, en provecho de la familia y el clan Lannister. En efecto, una suerte de Corleone, amoral y con una voluntad de hierro, de padrino, como apunta Genna en un diálogo con Jaime:

«no significa que aprobara todo lo que hacía, ni que me gustara estar mucho con el hombre en que se convirtió… Pero toda niñita necesita un hermano mayor que la proteja. Tywin era grande hasta cuando era pequeño. ¿Quién nos protegerá ahora?»

En términos similares le describe sir Kevan, su otro hermano, en una encendida conversación con Tyrion. Lord Tywin es el restaurador del prestigio de la casa Lannister y, por eso, merece ser respetado y obedecido. Fue consejero del Rey Loco y tiene que lidiar con un mundo revoltoso y traicionero, y sus métodos valen para que se imponga el orden:

«A Tywin le correspondió devolver a la Casa Lannister a su lugar, igual que le correspondió gobernar este reino cuando no tenía más de veinte años. Llevó esa pesada carga sobre los hombros hasta los cuarenta, y lo único que consiguió fue despertar la envidia de un rey loco. En vez de los honores que se merecía tuvo que soportar agravios y más agravios, pero trajo paz, abundancia y justicia a los Siete Reinos. No es más que un hombre. Harías bien en confiar en él»


La parte del león

El blasón de los Lannister es un león dorado, rampante. Símbolo que reúne la fiereza de los
Leon rampante de oro en campo de gules, un emblema clásico
combatientes Lannister y su proverbial opulencia, ya que sus tierras poseen abundantes minas de oro. Incluso corre la chanza de que el león «caga oro». Como este felino, Lord Tywin tiene la paciencia y el cálculo necesarios para atrapar y despedazar a las presas. Es el líder de la manada de leones y sus actos, como proclaman la mayoría de sus familiares, son por el bien de la familia Lannister. 
Aunque pronto veremos que quien duda más de Tywin son precisamente sus tres hijos, que lo van contrariando con su comportamiento rebelde, con su intención de crear o de unirse a otras manadas. Tyrion, por la singularidad de su existencia y el menosprecio que ha soportado por parte de su progenitor, no tiene reparos en admitir la auténtica realidad: los actos de Tywin no son por el honor o el bien de la familia solamente. Las acciones de Tywin Lannister son a menudo las de un asesino despiadado; no hay atenuantes ni excusas. Su generosidad para con el enemigo o el aliado es siempre por intereses. No actúa solo por un bien superior, ni por sentido de estado. Cierto que tiene otro sentido, el de la proporcionalidad, ya que conoce de manera pormenorizada toda la estructura civil y militar de Poniente. Los que un día son tus enemigos pueden ser mañana tus amigos, no importa su localización ni filiación. Sabe mover los hilos para controlar el poder en todos estos lugares: conoce a sus súbditos, sus aliados y a sus enemigos, y también a quién hay que utilizar para cada tarea. 
Así como sus dos hijos gemelos han vulnerado muchas leyes legales y naturales con su incesto, a Lord Tywin le parece importar más bien poco, con tal que no se haga explícito. La ley es un juguete para él, otro factor en el juego. Si es preciso, pervierte las convenciones y la tradición legal. El pasaje definitivo en este sentido es cuando quiere convencer a su hijo Jaime que abandone la Guardia Real para casarse y heredar el señorío Lannister (que correspondería, si no, a Tyrion). Jaime le recuerda su voto: «Entero o mutilado, un caballero de la Guardia Real sirve de por vida». Lord Tywin ni se inmuta:
«Un regalo adecuado a la Fe persuadirá al Septon Supremo para que te libere de los votos». 

Si es preciso, el patriarca Lannister puede no solo forzar a su hijo a abandonar su juramento para asegurar el patrimonio de la familia, sino también sobornar a la jerarquía religiosa para que lo permita. Su afán controlador llega al cenit en Tormenta de Espadas, el tercer libro. Y ahí emerge el hartazgo de sus hijos, especialmente Tyrion y Jaime.

El uso del terror

La testarudez de sus hermanos y acólitos en insistir que las acciones de Lord Tywin son en pos de la estabilidad y la paz, son sofismos. Quizá confíen en él, o quizá les alivie que el terror lo aplique su hermano y señor antes que un enemigo responda con la misma moneda a los Lannister. Por el contrario, ni Tyrion primero ni Jaime después aceptaran de buen grado, llegado el momento, su despotismo. El Gnomo, relegado a un papel secundario siempre, es quien entiende que detrás del sentido de estado, de la realpolitik, hay una crueldad implacable. Lord Tywin no da nada a cambio: su magnanimidad es un barniz sutil para  encubrir que ya prepara una nueva partida de ajedrez, con sus nuevos aliados como peones.  Todo el mundo puede ser una pieza para él, pero llega el caso que hay personas —muy pocas—que no le son de ninguna utilidad: los desertores de la guardia de Desembarco del Rey, por ejemplo. Con ellos, no realiza un ejercicio de generosidad con el reino. No los envía a proteger el Muro. Prefiere destrozarles las rodillas y que ser arrastren por la capital como mendigos. En el fondo, como guerrero que es, cree en el uso de la brutalidad ejemplarizante, como la violación de Tysha, la primera mujer de su hijo Tyrion. La misma brutalidad como ejemplo que predicó, en su momento, borrando a las casas Reyne y Tarbeck del mapa. Un aviso para todos los que se atrevan a cuestionarlo. 
Las enseñanzas de Maquiavelo no son desconocidas para Lord Tywin, pues. Sabe aplicarlas en
Tywin a lo condottiere renacentista,
 puro carisma y voluntad de poder
relación a la diplomacia, pero también en el dominio del territorio. Maquiavelo escribió en El Príncipe que la mejor manera de evitar revueltas en un territorio es teniendo buen cuidado de exterminar su señor natural, de no dejar a nadie que lo reclame. El patriarca Lannister así lo hizo segando las vidas de los Reyne y los Tarbeck, de forma que los territorios de Castamere y Torre Tarbeck quedaron sin sus levantiscos señores, a merced de Roca Casterly.
Y actuó del mismo modo en el pecado original, la liquidación de los pequeños Targaryen para complacer al nuevo rey Robert en los cruciales sucesos acaecidos 15 años antes del inicio de la trama. Delegó en dos esbirros la muerte de dos bebés herederos al trono. Una atrocidad calculada (a manos de Armory Lorch y Gregor Clegane, dos de los personajes más  siniestros). Una acción digna de Herodes, que aunque el propio Tywin justifica una y otra vez como un paso necesario y en el que no quiso ningún ensañamiento, demuestra que el señor de Roca Casterly tiene una debilidad. Es capaz de la bajeza más absoluta si le garantiza estar en el bando triunfador. Así se lo confiesa a su hijo Tyrion en Tormenta de Espadas:

«Fuimos los últimos en unirnos a la causa de Robert. Teníamos que demostrar nuestra lealtad. Cuando puse aquellos cadáveres ante el trono, a nadie le cupo la menor duda de que habíamos renegado de la Casa Targaryen para siempre. Y el alivio de Robert fue palpable. Por idiota que fuera, hasta él sabía que los hijos de Rhaegar tenían que morir si quería asegurarse el trono para siempre. Pero se consideraba un héroe, y los héroes no matan niños».

Sun Tzu y Tywin

Sun Tzu (544 aC - 496 aC)
La figura del chino Sun Tzu, el autor del célebre tratado El arte de la guerra, está envuelta entre brumas. Parece que vivió en el siglo V antes de Cristo, en la época llamada de Los Reinos Combatientes. En aquellos tiempos, el control del territorio que hoy en día es China, se lo disputaban siete reinos distintos. Siete reinos, curiosa coincidencia. Este general, después de probar su valía como comandante al servicio de uno de los contendientes, el reino de Qi, escribió la obra que le ha hecho inmortal. Un compendio de enseñanzas sobre estrategia y filosofía de la guerra. 
La anécdota más conocida de Sun Tzu, y posiblemente apócrifa, es reveladora de las semejanzas entre el general y Tywin Lannister. El líder militar chino recibió el encargo de un rey de formar un ejército con 180 de sus concubinas. Las dividió en dos compañías, y puso a una de las concubinas favoritas del rey al mando de cada una. Les dio armas y les explicó detalladamente cómo presentar armas y cambiar de flanco cada vez que él dijera, por ejemplo, «flanco derecho». Al dar esa orden, todas las mujeres empezaron a reír. Sun Tzu, admitió que las órdenes debían ser claras y entendía que podía ser culpa suya. Comenzó nuevamente el ensayo y al dar la orden de «flanco derecho», las mujeres nuevamente estallaron en carcajadas. Entonces añadió que «si las órdenes son claras, y los soldados, de todas formas, las desobedecen, entonces la culpa es de sus oficiales». Y así, Sun Tzu mandó decapitar a las líderes de ambos grupos, pese a las protestas del rey. Entonces colocó a las concubinas siguientes en la línea de mando, y esta vez las dos compañías obedecieron al pie de la letra todas las órdenes. Como Sun Tzu, Lord Tywin forzó la obediencia de sus vasallos y casas menores con la decapitación de dos casas, los Reyne y los Tarbeck. Pero ahí no acaban las lecciones.

La jugada maestra de Tywin: La Boda Roja
Lord Tywin es un óptimo comandante. Quizás brille más como estratega que como guerrero en el “El movimiento más eficaz es aquel que no se espera; el mejor de los planes es el que no se conoce”. Con esta discreción, puede cerrar su jugada maestra como ajedrecista de Poniente, la Boda Roja, donde consigue la alianza de los Frey y los Bolton para liquidar a Robb Stark, que se había revelado invencible en la batalla. Un plan del que no hizo partícipe a nadie:
campo de batalla, donde fue superado por el prometedor Robb Stark. Pero para desgracia de los norteños, el jefe del clan del león tiene aún más habilidad en la diplomacia y las cancillerías. Emula a Sun Tzu en no informar a nadie de sus movimientos, ni a los amigos:
«No lo sabía nadie excepto los que tenían que intervenir en algún sentido. E incluso a ésos se les dijo sólo lo que necesitaban saber. A estas alturas ya deberías saber que es la única manera de guardar un secreto... sobre todo aquí».

La escuela de la invencibilidad
"Algunas batallas se ganan con espadas y lanzas; otras con plumas y cuervos"
Tyrion Lannister

La personalidad calculadora y traicionera de Tywin se completa con el ramillete de enseñanzas de Sun Tzu. “Un verdadero maestro de las artes marciales vence a otras fuerzas enemigas sin batalla, conquista otras ciudades sin asediarlas”. El señor de Roca Casterly aprovechó este oportunismo para fingir acudir en ayuda de los Targaryen para que le abrieran las puertas de Desembarco del Rey. Se le franqueó el acceso a la ciudad sin perder ni una sola vida. La ventaja con la que Tywin Lannister juega, ante hombres como Stannis, es la combinación de su filosofía de guerra y su amoralidad. Stannis no acepta componendas y prefiere el choque duro, directo, de acuerdo con las normas de la guerra, en las que él es un maestro; Lord Tywin, por el contrario, experto guerrero, entiende otra máxima de Sun Tzu “luchar con otros cara a cara para conseguir ventajas es lo más arduo del mundo”. Y así ataca a Stannis por la espalda, en la batalla de Aguasnegras, mientras su hijo, Tyrion, se juega la vida defendiendo la ciudad; asimismo, evita un nuevo choque con Robb Stark y trama su asesinato «con cuervos» enviados a los Frey. 
Vemos a Tywin como un león que ha asimilado El Arte de la Guerra y lo combina con los cuadernos de Maquiavelo y Nietzsche (el filósofo alemán habría firmado una de sus frases, «a un león no debe importarle la opinión de un cordero»), que se revela invulnerable. Las deliciosas escenas de la serie en las que se ve despellejando un venado —metáfora de la destrucción del rey Robert— y cebando una caña de pescar —señal que los Tully han caído en sus redes— son un símbolo de su poder y su maestría en la intriga. Su dinero es otro escudo ante los enemigos. Pero hay una brecha terrible cuando desoye otra gran enseñanza de Sun Tzu: “cuida de tus soldados como cuidas de tus bienamados hijos”. Porque Lord Tywin relega con empeño a uno de sus hijos. 


SUN TZU Y TYWIN EN CINCO FRASES
“Las armas solo deben utilizarse cuando no queda otro remedio” Tywin elude presentar una nueva batalla a los Stark y prefiere organizar la Boda Roja
“Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas” Otro de los éxitos de Lord Tywin, dejar que se enfrenten a los Hijos del Hierro y a los norteños, con ambiciones independentistas ambos, para que se destruyan entre sí
“El mejor de los planes es el que no se conoce” El jefe Lannister prepara la Boda Roja sin darlo a conocer a nadie de su cancillería. No quiere ningún riesgo que se filtre información
“El movimiento más eficaz es aquel que no se espera” el ataque por la espalda a Stannis cuando las fuerzas Baratheon estaban volcadas y a un paso de conquistar  Desembarco del Rey es decisivo
“Un ejército es como el fuego: si no lo apagas, se consumirá en si mismo” Lord Tywin empieza la guerra provocando a los Tully con escaramuzas y no con una invasión en toda regla. La larga campaña de Robb Stark, a la postre, aumenta el descontento de las tropas del Norte que lo van abandonando


Por Siscu Vilaprinyó

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