divendres, 9 de maig de 2014

Reseña de Logica de la crueldad (Joan-Carles Mèlich, Ed. Herder)

Reseña de Logica de la crueldad (Joan-Carles Mèlich, Ed. Herder)

"El formador que no se transforma en la formación no forma, informa."
Joan-Carles Mèlich

Esta entrada está dedicada a Joan-Carles Mèlich, uno de los autores de referencia y al cual citamos abundantemente en los capítulos sobre Jaime Lannister y Ser Davos Seaworth en el ensayo Filosofía de hielo y fuego. Joan-Carles Mèlich es doctor en filosofía y profesor de Pedagogía, magisterio y un orador brillante en radio y televisión en sus escasas, pero intensas colaboraciones con los medios. Actualmente, se encuentra de viaje por Latinoamerica donde se encuentra presentando su último libro: Logica de la crueldad, editado por la editorial barcelonesa HerderLas reflexiones de Mèlich se suceden de forma esclarecedora y siempre diáfana. Mélich es un hombre apasionado de la literatura y el cine, y sus reflexiones encuentran eco en la cultura contemporánea y en los grandes autores como Dostoievski, Joyce o Vasili Grossman. Es un ensayista filosófico que no pueden perderse. 

La portada de Lógica de la crueldad y Joan-Carles Mèlich
Este es un libro a ratos duro, por la crudeza del tema que trata, sobre todo los pasajes de cita del Marqués de Sade y el tema siempre espinoso del Holocausto, tan incómodo como necesario en un ensayo de filosofía contemporánea. Paradójicamente, es el que más rápido he leído de los otros dos que tenía publicado el autor  de su tetralogía del homo patiens, una reflexión acerca de la finitud como elemento central de la antorpología humana que  Joan-Carles lleva años desarrollando. Esperaré la cuarta entrega Crítica del perdón con impaciencia. 

Me ha gustado mucho la tesis expuesta que complementa la de Etica de la compasión, una ética que rompe sobre todo con los planteamientos kantianos y neokantianos, y situándose cercana a autores como Emmanuel Levinas, Michel Foucault, Jacques Derrida, Judith Butler, entre otros. 

Es decir: el hombre no puede eludir el marco moral (idea de que alguien podía malintencionadamente deducir de su última obra). Puede ser immoral, pero no amoral, pues no puede eludir la gramática. Simplemente, no basta con ser moral, porqué la moral es un sistema de pensamiento logico y como sistema siempre es cruel, algo que Sansa Stark, una chica con modales exquisitos en la corte de Poniente, sabe de sobra. El hombre no puede vivir al margen de la moral, pero si en los márgenes. Puede transgredir. Hay luz porque hay sombra. Davos es ético porque se enfrenta a la ley de su rey Stannis, y a la moral que le obliga a obedecer sus órdenes y no contradecirlas. Exquisito. Sencillo y imbatible. La ética es pues una forma de transgresión. Transgresión de una moral que, como Joan-Carles Mèlich expone muy bien a base de ejemplos filosóficos, históricos, y literarios,  tiene por objetivo crear mala conciencia, pero sobre todo buena conciencia (el más pernicioso de los esquemas morales) que es donde se puede aplicar a Auschwitz y también a la moral y lógica del capitalismo actual que es donde, sin que sea explícito, creo que apunta el autor con una carga de profundidad bien pertrechada.

Un elemento central de las cuestiones morales es la sexualidad, idea que es transversal en todo ser humano, y en CHYF. Pues el hombre viene del sexo, ya sea consentido, deseado, a desgana, casualmente, por azar, forzado, elegido racionalmente, ausente (en una fecundación in vitro por ejemplo)... El sexo es un a priori de la vida humana. Sientiéndolo mucho por Descartes, es previo al pensamiento. Para Mèlich hay un amor moral, derivado de la aceptación social, pero, a menudo poco ético, con uno mismo y con el otro, de ahí uno de los elementos (para un servidor) transversales del malestar en la cultura.  En la palabra amor confluyen en una sola palabra muchos significados distintos, que los griegos distinguían perfectamente. Creo yo, y siendo un poco descarado, que el famoso malestar en la cultura de Freud era sobretodo un malestar de la entrepierna, aparte del problema irresoluble de la guerra y los instintos de muerte: la violencia y la agresividad. Si lo pensamos bien los hippies trataron de resolver este dilema contemporáneo y posmoderno en el famoso "haz el amor y no la guerra", pero en el fondo la guerra encaja más en la moral, y en su lógica de la crueldad, que el amor, hijo del deseo. Muchas veces el amor es ético, pero es  a menudo inmoral. Algo que Robb Stark y Tyrion aprendieron pagando un precio muy alto. 

Filosofía
de la finitud
La guerra en cambio encuentra justificación moral en la logica, una logica derivada de los intereses de los sistemas sociales y económicos humanos, inevitables ya que son producto de necesidades materiales reales, pero también creadas y magnificadas. Así pues, el hombre, el homo patiens (ser doliente y deseoso que goza y que sufre, que ama y que odia), se sitúa siempre en una gramática, un marco moral (su clase social, su família, su entorno) que no elige en llegar al mundo. Pero durante la vida sí debe elegir, y muchas veces en medio de dolorosas circunstancias, si traicionar a los demás o a uno mismo (algo que Jaime Lannister representa muy bien) y sufrir; tanto si hace como no hace, ya que como Raskolnikov en Crimen y Castigo o Jaime Lannister en Juego de Tronos uno no puede ser un superhombre y trascender los marcos morales sin pagar un precio.  Pero si no hace lo que desea muchas veces se autotortura porque como decía Nietzsche, todo instinto no canalizado hacia fuera se dirigie hacía uno mismo con más fuerza. Y la moral es un sistema de autotortura y también de buena conciencia. Los nazis fueron seres exquisitamente morales, y legales, pero cuya ética deja mucho de desar respecto a los ideales humanos y de la compasión. Así pues, ni Kant (con su imperativo categórico que hace de la moral un baluarte ético) ni Platón (con su aspiración al Bien metafísico y su deprecio a la libertad humana y al cuerpo) sirven, a pesar de sus esfuerzos, para encontrar un modelo ético en un tiempo posmoderno y en una filosofía de la finitud. 

La ética pues, como decía Wittgenstein, solo puede mostrarse, está más allá de las teorías, es un acontecimiento místico, narrado más que enseñado. Algo que George R.R. Martin sabe muy bien.


La Mano del Rey