dijous, 13 d’agost de 2015

Hiberión, el cuento del dragón I

Lágrimas de dragón

"Pero los dragones hablan: hablan la Lengua Verdadera, el lenguaje de la Creación" Ursula K. Le Guin

Nací bajo el signo de la Luna Amarilla, el vigésimo segundo año del reinado de Nolosc, el dragón durmiente. Nací junto a mi hermana Elgaria, una hermosa cría de dragón albina.  Nolosc fue un buen padre aunque también un rey débil. Yo era el tercero de su línea de sucesión. Y jamás debí ser un  dragón rey.  Aún recuerdo el día que él y mis hermanos partieron a la guerra. Y también el día que todo cambió. 
—¿Madre, cuando volverá padre?
—Mucho me temo que no va a regresar. Ni él ni tus hermanos. Estamos solos tú y yo.
—¿Cómo lo sabes?
— Lo siento en la tierra. El cielo también  ha cambiado. Han muerto, Hiberion.
Noté como mis ojos ambarinos se humedecieron y tuve una sensación que los dragones experimentan pocas veces en la vida. Los humanos lo llamaban tristeza, pero nosotros éramos dragones aún no sabíamos de eso. Era algo diferente. Madre alargó el cuello abrió sus grandes ojos y me dedicó una sonrisa.
 —Lágrimas de dragón. Hace mucho tiempo de la última vez, cuando nacisteis tú y tu hermana. –dijo mientras me cobijaba bajo una de sus alas grandes y poderosas.
—¿Y mi hermana, donde está, madre?
—Cuando los otros dragones partieron a la guerra la escondimos. 
—¿Por qué a ella sí y no a mí? –pregunté.
—Si tus hermanos morían en la guerra tú deberías ser el nuevo rey del clan de los Dragones Verdes. Además siempre debe haber un rey guardando el volcán dormido. Elgaria es ahora menos importante para la sucesión. Tú eres el nuevo rey 
—¿Dices que ahora soy el rey, madre? Rey de  la nada, pues nadie queda de nuestra estirpe aparte de mi hermana y tú.
—Para engendrar un nuevo clan solo hacen falta dos dragones. Incluso un solo dragón podría generar una raza nueva, pues todos los dragones descienden de un solo dragón original. Así que eres rey y siempre lo serás.  
Madre miró hacia el cielo desde el fondo del volcán dormido que servía de guarida a nuestro pueblo ahora extinguido. El cielo cobrizo de la tarde se fundía con los tonos azules de la noche. Aspiré el aire sulfuroso y no percibí nada de lo que madre me había contado. “Estamos solos tú y yo”, había dicho con pesadumbre.
—Me equivoqué hijo… No estamos solos. —dijo madre  alzando el cuello y fijando su vista en unas figuras sombrías que se divisaban recortadas en el cielo, como manchas cargadas de pesadumbre. 
—¿Han vuelto?
Dragón Verde en el Huysfudr
—No hijo. Han llegado.   
—¡Dime que no es cierto! Que son mi padre y mis hermanos, que regresan de la guerra. Dime que no han muerto.
Madre negó con la cabeza y abrió sus fauces emitiendo un rugido terrible que resonó en mis tiernos oídos.  Los dragones negros ganaron altura, impulsados por las corrientes ascendentes que llegaban de los fiordos. Abajo las olas rompían las rocas y castigaban las playas donde había jugado de pequeño con mis hermanos. De repente, uno de los cinco dragones batió sus alas para conseguir más velocidad y con un giro brusco abandonó el grupo. El resto plegaron las alas y bajaron su cuello y se dirigieron hacia el cráter del Huysfudr. Se acercaban cada vez más.
—Vienen hacia aquí hijo mío. Debes prometerme  que serás valiente. Que serás un digno hijo del linaje de tu padre. Y que no dejarás que el odio  ciegue tu temperamento. Incluso cuando todo parezca perdido yo estaré allí para protegerte. Y no te olvides nunca del amor. Busca a tu hermana –dijo mientras su aura de dragón se posaba en mi.
Batió poderosamente las alas y partió hacia la muerte. Yo no podía hacer nada. Quedé allí solo y paralizado de terror, o eso creía.  Quería seguirla, pero mi cuerpo no me obedecía. Con la vista nublada y borrosa intuía la figura de mi madre luchando feroz contra los dragones negros, recibiendo mordiscos y ráfagas de su abrasador aliento líquido. Lanzaba coletazos que apenas ahuyentaban a los dragones negros, que daban vueltas a su alrededor en círculos, cansando a su víctima. Quería gritar y no podía.  Comprendí que el hechizo de mi madre me había dejado mudo y paralizado, pero a la vez estaba seguro y fuera del alcance de los demás. Dentro del mundo y fuera de él. Poco a poco su vuelo se tornó más errático y recibía ataques sin tregua de sus enemigos.  Finalmente vi como su cuerpo caía más allá de mi vista, tras la serrada corona del antiguo volcán. Los enemigos siguieron a su víctima caída, ignorándome, pues no sabían de mi existencia. Lloré por segunda vez aquel día y por última en mucho tiempo y la noche cayó sobre mí en la soledad del antiguo volcán. 






Bernat Roca


 A R.R.G., por ayudar a alumbrar esta historia.

9 comentaris:

  1. Quisiera seguir leyendo sobre esto, me ha parecido maravilloso de verdad, la manera en la cual te expresas y la originalidad de la historia. Simplemente de admirar.

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    1. Gracias Ronald. Seguiremos con la historia, por episodios, a la vieja usanza de los tiempos del comic.

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  2. De verdad, excelente historia he quedado enamorada, espero con ansias la segunda parte. Mis respetos para ti. Saludos desde Venezuela.

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    1. Gracias de veras. Contnuará por entregas a modo de breves episodios hasta formar un relato completo. A ver como funciona el experimento. Un abrazo des de España. ;)

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  3. Respostes
    1. Espero poder continuarla, aunque sea publicandola en partes y luego en libro si se puede. En breve publicaré el mapa de la historia y algun texto sobre el mundo de Las Islas.

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