divendres, 30 d’octubre de 2015

Ser Barristan Selmy, el Jedi de Poniente

Ser Barristan Selmy, el Jedi de Poniente

"Es el código de caballería, no la espada, lo que hace a un caballero. Sin honor, en nada se distingue de un vulgar asesino."
Ser Barristan Selmy, Danza de Dragones

"El buen caballero es sincero hasta el final , incluso en su día más aciago."
Melisandre, Tormenta de Espadas



Obi Wan Kenobi, arquetipo de caballero
Ser Barristan Selmy es sin duda el último Jedi de Poniente. El "Obi Wan Kenobi" que nunca debió morir a manos de los Hijos de la Arpía, una muerte indigna de tan grande espadachín. Una afrenta de D&D a todos los lectores de la saga, incluso al propio actor Ian McElhinney, que había leído los libros y descubrió sorprendido que no tenía tanto papel en la 5ª temporada llegando a la conclusión que moría antes de tiempo. Barristan Selmy fue un famoso héroe y caballero de los Siete Reinos. Fue miembro de la Guardia Real de Aerys II Targaryen y tras la Guerra del Usurpador, Lord Comandante de la Guardia Real de los reyes Robert  y Joffrey  Baratheon. Destituido de su cargo y expulsado de la Guardia Real por el rey Joffrey. Se exilió en Essos jurando lealtad a la reina Daenerys Targaryen. Sus palabras en Juego de Tronos, primer libro de la saga, son todo un tratado de ética caballeresca: 

"Un salón donde morir, y hombres para que me entierren. Muchas gracias, señores míos ... pero escupo sobre vuestra compasión... Soy un caballero... Y moriré siendo un caballero."

Ser Barristan, caballero hasta el final
Charlando con Alejo Cuervo, editor de G.R.R. Martin, nos comentó que el Príncipe Valiente de Hal Foster, la brillante saga de còmics de trasfondo artúrico, eran probablemente una gran influencia inesperada en la narrativa del bardo de New Jersey. Su admiración por la caballería, por el mundo engalanado, cortés y suntuoso de la Europa Medieval es uno de los puntos fuertes de sus novelas, especialmente las anteriores a la Rebelión de Robert. La narrativa romántica de Walter Scott y la pintura prerafaelita de la época victoriana pusieron de moda el ideal caballeresco que la modernidad y la  industrialización habían prácticamente reducido a cenizas. Un ideal que siempre fue un ideal, pero cuya nostalgia se percibe en John Steinbeck, en Tolkien, en las escasas cargas de caballería durante la primera Guerra Mundial.  El mundo había cambiado. La guerra se medía en el terreno económico, diplomático y tecnológico. Esto es algo que en Poniente aún no ha sucedido del todo, pero está empezando a producirse. Y justo en ese momento llegarán la magia, los dragones, el Invierno, los Otros y quizás los Dioses. 

Barrsitan, mentor político
de Daenerys, la "Alejandro Magno"
de Essos
La figura romántica de Ser Barristan se yergue gigante en el entramado político de los Lannister en la corte. Comparemos a Tywin, figura renacentista y maquiavélica, frente al honrado Barristan, que cambia de bando cuando percibe que la ley del reino no es ni justa ni ética. Las maquinaciones de Petyr sonrojan a cualquiera comparado con un hombre capaz de arriesgar su vida por enmendar los errores del pasado (la traición a los Targaryen). Mentor político y aristotélico de la Madre de Dragones, al igual que Obi Wan fue mentor de Luke Skywalker, enmendando sus errores como mentor del joven Anakin. Obi Wan también fue un mentor brillante. Recordemos las palabras de Anakin a la reina Padme Amidala:

Obi-Wan es un gran mentor. Tan sabio como el Maestro Yoda y tan poderoso como el Maestro Windu.

Los hombres vivimos ya vividas. El eterno retorno de las cosas hace que las diferentes leyendas y los mitos sean un mismo cuento con mil máscaras. El trabajo de los artistas y creadores es alumbrar nuevos mitos que permitan comprender la experiencia humana, la experiencia de estar vivos y dar lo mejor de nosotros mismos. La sombra de Joseph Campbell es muy alargada. Follow your bliss. Obi Wan también reaparece justo para salvar la vida a Laia Organa, al igual que Barristan reaparece como Arstan Barbablanca para salvar la vida a Daenerys. Recordemos la cita de Karl Marx: La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y comparemos con las palabras de Tyrion Lannsiter:

 No somos más que marionetas, nos mueven los hilos de los que nos precedieron, y algún día nuestros hijos tendrán que bailar como les dicten nuestros hilos.

El dolor hace a los hombres lo que son
En el caso de Ser Barristan él apoyó al Usurpador porque desobedeció a su padre Lyonel Selmy, señor de Torreón Cosecha en las tierras de la Tormenta. Ese pecado de juventud le llevó al bando equivocado más adelante, pues los Lannister finalmente se hacen con el poder ya que Robert Baratheon fue un gran guerrero, pero un pésimo esposo y gobernante.  El azar y su conciencia le llevan a tener una oportunidad para redimirse. Somos héroes con un manojo de arquetipos disponibles en la mochila de nuestra alma. El reino del padre está entre nosotros pero los hombres no pueden verlo. El caballero siempre debe dejarlo todo para partir hacia el Grial. La vasta aspiración a la nobleza siempre puede realizarse. Hay que darse. En palabras de Obi Wan Kenobi: El legado de esta misión es el dolor.



La Mano del Rey


El banquete de los trasgos II (La playa)

El banquete de los trasgos II (La playa)

Un mar de sombra eres, y entre tu sal oscura
hay un mundo de luz amanecido.
(Alí Chumacero)


Ya hacía horas que el coche emitía un sonido extraño, de animal moribundo. El motor parecía un perro acatarrado. Aún así Jacob no quería detenerse hasta pasar los límites de Calipso X y entrar en la Zona Libre. El niño no había abierto la boca desde que lo recogimos en la gasolinera de Ben. Aún así hacía muecas cuando algún bache parecía que iba a dejar el coche sin ruedas o que parte de la carrocería saldría disparada y me miraba como si pidiera a Jacob que parara. Insistí: 
—¿Jacob, no crees que sería mejor parar un rato? 
—Una mierda. Tenemos detrás a media policía de Calipso y quizás a los moteros que había en la gasolinera. No pienso detenerme hasta que lleguemos a la playa.
—La playa... — repetí en voz baja. 
La playa sonaba a libertad, a empezar de nuevo, sin más temor que el de algún grupo de forajidos salvajes. Pues según Jacob me había contado se habían establecido allí comunidades de hombres y mujeres libres que se ayudaban entre ellos y no obedecían más normas que las que se autoimponían. Lejos de las leyes de Calypso y  de los peligros de la Zona de Nadie. 
—Está bien Jacob, pero quizás a este ritmo no lleguemos nunca a la playa.
—Tu no has estado en la playa Jes. Yo sí. Aunque sea la última puta cosa que haga en esta vida os llevaré a la playa. A tí y al niño. ¿Has conocido alguna puta vez un niño que no hable? Mi hijo no callaba nunca. Para que un niño no hable o bien es mudo, o le han cortado la lengua o es que ha visto o sufrido lo indecible. Cuando vea la playa seguro que sonríe. ¿Me recuerda a mi hijo sabes?
Fue la primera vez que Jacob me habló de su pasado. La primera y la última. No le pregunté mucho por el niño. Pues hablar de ello me arrastró a mis escasos recuerdos familiares, los que me quedaban tras el lavado de cerebro que había sufrido en las mazmorras de Calipso. Aún recordaba el olor profundo de la anestesia verde, la más efectiva y casi mortal. 
—¡Mierda! —gritó Jacob de repente. 
El coche pegó un brinco violento, furioso como la coz de un caballo. El bache casi nos sacó de circulación.  El auto pegó un derrape y dio un giro casi completo.
—¡Esa piedra podría habernos matado!
 —¡No exageres! — dijo Jacob reprendiendo mi comentario.
 —Si perdemos el carro no salimos vivos del desierto. Y lo sabes. Estás cansado, el coche va forzado, va a reventar —dije tratando de convencer a Jacob.
 —Ley número uno Jes. Yo soy el conductor.   

Nos peleamos un buen rato con el coche varado en aquel erial. En plena discusión vi que Jacob giró sus ojos hacia el niño que nos había escuchado cabizbajo y ahora parecía querernos decir algo. El niño alzó el brazo y con el dedo índice señaló un punto negro lejano que parpadeaba como un espejismo. Era una figura alta que caminaba rápido como huyendo de un fantasma, pues no había nadie en aquel páramo desolado. Jacob viró el coche hacía allí. Y a medida que nos acercamos pude ver un largo abrigo negro con destellos púrpura. Y una pequeña mochila que se agitaba bamboleándose contra el esbelto cuerpo.  Jacob pegó un grito: 
—¡Una chica!

Y entonces la distinguimos bien, con la cabellera negra y enroscada como una serpiente, su expresión dolorida, la tez blanca tostada por el sol y una sonrisa curva y ambigua. Y supimos que el destino iba a pegar un vuelco y que ella cambiaría nuestras vidas para siempre. 





Bernat Roca

dilluns, 26 d’octubre de 2015

Sansa, de cisne blanco a cisne negro

Sansa, de cisne blanco a cisne negro

"—Por derecho Invernalia le pertenece a mi hermana Sansa.
—¿Lady Lannister, queréis decir? ¿Tan ansioso estáis de ver al Gnomo sentarse en el trono de vuestro padre?
 —No—dijo Jon. 
—Bien. No sucederá mientras yo viva, Lord Nieve."
Danza de Dragones


Sansa en su faceta más oscura

Uno de los elementos más significativos del arco de transformación de Sansa Stark, especialmente en la ficción de HBO, es el cambio de vestuario al que es sometida por Petyr Baelish, mentor oscuro de Sansa y titiritero mayor de Poniente. El cambio de vestuario a raíz de la trama en el Nido de Águilas. Este cambio estético viene a reforzar el cambio de carácter de Sansa (de princesa soñadora, inexperta y llorona a conspiradora fuerte  y aspirante a Reina del norte). El problema radica en que ese cambio, producido a finales de la 4ª temporada se vio truncado por la evolución del personaje en la 5ª temporada, donde Sansa, aparte del empujón mortal a Myranda, donde se enfrenta a su propia Sombra, se mostró otra vez como el rehén frágil de los Bolton y Petyr. 
     Esa contradicción en las tramas impidió lo que, según el parecer de muchos, parecía una radical transformación del personaje de Sansa. Esta contradicción se produjo a mi entender por el problema que se crea al enviar a Sansa al Norte a realizar el papel de Jeyne Poole en los libros. En las novelas Jeyne, hija mayor del mayordomo de Invernalia y amiga de Sansa, es utilizada por los Lannister como si esta fuera Arya Stark para ser casada con Ramsay Bolton. Allí es ayudada por Theon Greyjoy (Hediondo) a escapar siendo acogidos ambos en el campamento de Stannis Baratheon (algo que no sucede en la serie porque el ejército del Rey en el Mar Angosto es destrozado por la caballería de los Bolton y el destino de Stannis es desconocido aunque todo parece indicar que ha muerto a manos de Brienne de Tarth). 
         En su aprendizaje Sansa tiene dos mentores principales: El Perro, en un diálogo que ya tratamos anteriormente, y sobretodo Petyr Baelish. Recordemos el fragmento de Choque de Reyes entre Sansa y Sandor Clegane:

Alas oscuras palabras oscuras
-Los dioses nos crearon a todos. (Sansa)
 -A todos -se burló Sandor-. Díme pajarito, que tipo de dios crearía un monstruo como el gnomo? Si hay dioses, crearon las ovejas para que los lobos se las comieran, y crearon a los débiles para que los fuertes jugaran con ellos.
-Los auténticos caballeros protejen a los débiles.
-No Hay auténticos caballeros -dijo el Perro resoplando -, así como no hay dioses. Sino te puedes proteger sola, muere y sal del medio para los que sí pueden. El acero afilado y los brazos fuertes gobiernan este mundo, no te creas otra explicación.
-Sois horrible. -Sansa se echó para atrás.
-Soy sincero.´Es el mundo que es horrible. Ahora vete pajarito, estoy harto de que me mires.

Petyr, personaje impresionante y ambiguo, trepador político, maquiavélico y herido en sus adentros. Padre adoptivo de Sansa, a la que utiliza como peón para hacerla Reina. ¿Cual es su objetivo? Recordemos un diálogo de Festín de Cuervos:

—¿Si Lord Nestor valora más el honor que el provecho? —Petyr la rodeó con un
brazo—. ¿Qué pasará si quiere la verdad, si quiere justicia para su señora asesinada? —
Esbozó una sonrisa—. Conozco bien a Lord Nestor, cariño. ¿Crees que voy a permitir
que le haga daño a mi hija?
«No soy tu hija —pensó—. Soy Sansa Stark, hija de Lord Eddard y Lady Catelyn,
de la sangre de Invernalia.» Pero no lo dijo. De no ser por Petyr Baelish, habría sido ella
en vez de Lysa Arryn quien habría caído al vacío, al cielo frío y azul, hacia la muerte
entre las piedras, doscientas varas más abajo. «Qué valiente es.» Sansa habría deseado
tener aquel mismo valor; lo único que quería era volver a meterse en la cama,
esconderse bajo la manta y dormir, dormir, dormir.
Siempre debe haber
un Stark en Invernalia

Y su caballero protector no es un hombre sinó una mujer corajuda y fortachona llamada Brienne de Tarth.
Se preguntó si Sansa Stark también tendría frío, estuviera donde
estuviera. Lady Catelyn le había dicho que Sansa era una niña dulce a la que le
encantaban los pastelillos de limón, las túnicas de seda y las canciones de caballería,
pero aquella niña había visto como decapitaban a su padre, y luego la habían obligado a
casarse con uno de los asesinos.

Carl Jung, maestro
del inconsciente
Se supone que Sansa en su transformación debe desarrollar su parte oscura, reprimida por la educación que ha recibido y por los ideales caballerescos que ha idealizado, especialmente en el caso de los hombres. Pues Sansa idealiza a su padre Eddard y sus hermanos. Para Carl Jung, discípulo de Sigmund Freud, la Persona no es más que una máscara del Ego (el Yo idealizado de quien debemos ser a ojos de los demás en función de los valores adquiridos) que cubre el Ánima, complementaria de la actividad consciente, y la Sombra (la parte reprimida donde se agolpan nuestros instintos más primarios). Para llegar a la Individuación hace falta integrar en el SELF tanto el Ánima como la Sombra. Según Jung hay dos riesgos potenciales en esa relación entre Persona y Ánima: 

  • La sobreidentificación con la Persona, el ego se identifica totalmente con la máscara. El individuo se preocupa excesivamente en adaptarse al mundo social convenciéndose de que la imagen construida constituye la totalidad de su personalidad.
  • El desentendimiento de la persona, el yo se identifica con el Ánima o Ánimus. No se presta suficiente atención al mundo exterior ocupándose exclusivamente del mundo interior. Se genera una satisfacción narcisista en detrimento de las demás personas, siendo desconsiderado, ciego y desconectado de los demás. La renuncia a este posicionamiento vendrá forzada por los duros golpes del destino. 

Sansa ante el espejo, luces y sombras


Como podemos ver la segunda situación encaja en el camino hacía lo oscuro, lo interior que se produce en Arya Stark. Renuncia a la vida y abraza la muerte. Una muerte interior a la que rinde culto hasta perder la identidad en nombre de la venganza. La primera descripción encaja con la de Sansa antes de su transformación, incluso con la de Jon Nieve antes de conocer a Ygritte. Básicamente, hay que tener en cuenta que la personalidad no se escoge sino que se descubre y desarrolla. Para Jung, algo que no todo el mundo comparte, esta personalidad tiene una parte que es innata y que se corresponde a un arquetipo interno con el que debemos conectar, pero no identificarnos en exceso. Pues el arquetipo nos ilumina en nuestro camino, pero la luz en exceso también ciega. Hay luz porque hay sombra.

Nina ante el espejo

Natalie Portman, Cisne Negro
Otra historia donde el conflicto con la Sombra se hace explícito es Cisne Negro de Aronofsky  e interpretado por la exquisita Natalie Portman. En el film  la bailarina Nina debe integrar a su parte oscura, reprimida, para merecer el papel de Cisne Negro en la obra de Tchaikovski. Ese proceso no exento de riesgo, el de la integración de la Sombra era, como Jung sabía muy bien, muy peligroso porque en ese proceso uno corría el riesgo de perderse a si mismo. Algo que el psicólogo William James, fundador del Pragmatismo, también había experimentado y que probablemente explique porque decía que el hombre usaba el 10% de su cerebro. James no hablaba tanto de las capacidades conscientes o intelectuales sino de la energía oculta en el inconsciente. Para Jung la Sombra es la materia prima, el Oro que permite desarrollar el Lapis Philosophorum, de la personalidad propia y plena. En palabras de Jung, uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo la oscuridad consciente. 


La Mano del Rey




dimarts, 20 d’octubre de 2015

Las doce caras de la fortuna (relato por Javi Fernández Mata e ilustración de Tere Suau Fa) parte II

Las doce caras de la fortuna (relato por Javi Fernández Mata e ilustración de Tere Suau Fa) parte II


Juego de dados, Teresa Suau Fa
El comercio era completamente desproporcionado en comparación a la minúscula puerta que tenía como acceso. En su interior, los objetos variopintos estaban esparcidos por estanterías y repisas que parecían haber sido colocadas por un demonio del polvo o una pequeña tormenta de arena. El caos era total y solo encontré al encargado del negocio después de asustarme frente a mi propio reflejo, en espejos que me deformaban hasta el punto de hacerme irreconociblemente viejo o joven. O las dos cosas a la vez. Tras el mostrador, el anciano de pelo grasiento me miraba como si ya le hubiera robado el objeto más valioso de su colección de antiguallas. A la vez tapaba una botella polvorienta en la que me pareció ver a un hombre musculoso y diminuto golpeando desesperado las paredes de cristal del recipiente. Antes de que pudiera plantearme si mi visión era cierta o no, la botella había desaparecido entre las anchas mangas de su vestimenta. 

—¿Qué quieres extranjero? Si ansías comprar algo, te equivocas de sitio—. Enseguida me di cuenta que había pasado por alto el hecho de no tener dinero. Y en ese momento solo se me ocurrió contestarle:

—De hecho no vengo a comprar, pensaba que podría llevarme lo que vengo a buscar sin impedimentos. El hombre más rico de Krú-u no me ha dicho que tuviera que pagar por ello. Estoy buscando las doce caras de la fortuna y sé que están aquí, por algún lado.

Ante mi estúpida respuesta y mientras pensaba en como salir corriendo de allí intentando evitar romperlo todo en mi huida, vi que un pequeño estuche ya descansaba entre las manos del anciano. Se dio la vuelta y se marchó hacia la parte de atrás de la tienda. De espaldas y sin detenerse, su voz me llegó ronca y humeante.

—Un duende siempre es fiel a su dueño, siempre. Ahora largo—. No me lo tuvo que repetir dos veces. 

Empecé mis primeras partidas en un callejón rodeado de ratas. Lanzando los dados contra una esquina, apostando el oro que no tenía y a riesgo de mi propia vida. Hechizado por la codicia, me convencí de que nada podía fallar. El embrujo de esos dados me contaminó y trasladó hasta un mundo tan deseado como desconocido. Gané, ya lo creo que gané. Aquellos mismos hombres contra los que había apostado pasaron a ser mis protectores. Les pagaba bien, pero ahora podía permitírmelo. Seguí ganando y seguí apostando. Lanzaba los dados con la seguridad del que se sabe vencedor de antemano y tanto ellos (los dados) como yo crecimos en fama y seguidores. Ya no eran mi lugar los callejones. Vestía como un noble y adornaba mis dedos con sortijas y anillos caros, que vendaban de oro y piedras los callos y las durezas del viejo pescador. También descubrí la lujuria. Esa lujuria única, esa que solo puedes obtener mediante el poder. El poder del oro y la influencia. Ya no buscaba sitios donde apostar mis riquezas, los que anhelaban retarme venían en mi busca. La mesa más cara del local más caro, era mía. Nadie se atrevía a ponerlo en duda. Ya no era anónimo, era un yo acompañado de humo, cascabeles y mujeres hermosas. Era un yo bebiendo en vasos dorados y fumando hierbas extintas. Fui una persona tan poderosa que tuve el poder de saldar cuentas y de quitar la vida por deudas que acumulaban no más de un pequeño puñado de oro. Me consideré el más poderoso cuando fui el que acumuló más enemigos.

Llegó un día en que un extranjero se presentó en todos los antros de mi ciudad. Aseguraba que podía ganar a cualquiera en una apuesta, incluso a mí. Por mi parte, no merecía la más mínima de las atenciones, era un pordiosero con huecos entre sus dientes y el pelo sucio como la barba de un troll. Poco a poco fue recorriendo un camino harto conocido por mí. Poco a poco se fue acercando a mi pedestal de joya y mentira, desde los callejones. Cuando ya solamente yo podía detenerlo y toda la ciudad esperaba el enfrentamiento, acepté. Mi objetivo no era vencerle y reafirmarme, o al menos no era el único. Mi meta real era la de mostrar a los que de mí dependían, a quién debían su lealtad. 

Sus ojos me sorprendieron, su mirada me intimidó. Empezamos el juego y por primera vez perdí, y seguí perdiendo. A cada una de mis derrotas se sumaba una mirada amenazadora de aquellos a los que había estado comprando con el oro de los tontos. El respeto cambiaba de amo y mis dados me habían abandonado sin avisar. Al final, cuando ya sólo me quedaba mi vida y la traición de las doce caras de la fortuna, me jugué ambas cosas sin miedo a perderlas. Y las perdí. Para mi deshonra y mi desesperación aquél extraño extranjero se llevó mi fortuna, mi honor y mis dados para siempre, pero me perdonó la vida. Sabía que a partir de entonces era cuestión de horas que en cualquier esquina un cuchillo rencoroso se hundiera en mis entrañas. Cogí una montura, el dueño de la cual se debió unir a la lista de los que querían rendir cuentas conmigo, y huí al único sitio donde sabía que sería recibido. Desde entonces y son ya muchas las lunas las que he visto sobre las dunas, cuezo adobe para el hombre más rico de Krú-u. Nadie me hará nada mientras me mantenga en sus dominios, pero solo un muro de ese odiado material, separa a las pirañas de su presa.

Epílogo

Una vez tuvo delante al portador de los famosos dados, su objetivo fue por este orden: sus propiedades, sus influencias, su ego y por último su vida. Ésta última hacía tiempo que la tenía ya destinada a engrosar a su ejército de trabajadores voluntarios. Una vez se proclamó vencedor y como había hecho tantas veces antes, se dirigió a las afueras, asegurándose antes de no ser visto. Una vieja táctica era la de dedicar una pequeña parte del botín a pagar la bebida de todos sus nuevos amigos. Eso los mantenía entretenidos durante horas.  Entró en su casa y leyó en voz alta las palabras del pergamino que le devolvería su auténtico aspecto. Mientras, rajaba el abdomen de un sapo del oasis de fuego, acción requerida si quería que el hechizo tuviera el efecto deseado. Se cambió de ropa y guardó las ganancias en un armario oculto para todo aquél que no mira. De repente aunque no por sorpresa, escuchó como en la habitación contigua se abría la puerta principal, como si la quisieran arrancar de cuajo. La respiración entrecortada de aquél que acababa de entrar suplicaba desesperada por su ayuda. Sonriendo por la satisfacción del que ha finalizado un plan perfecto, se dirigió hacia allí mientras guardaba en un pequeño saco de piel, un par de dados. En voz baja y con los ojos brillantes susurró:


—Un duende siempre es fiel a su dueño, siempre.

Javi Fernández Mata


Enlaces del autor: twitter: @narranacion  Facebook: https://www.facebook.com/narranacion  http://www.narranacion.com/las-doce-caras-de-la-fortuna-parte-ii/
Enlaces de la ilustradora:  http://tsuaufa-ilustracio.blogspot.com.es/ 
El proceso de ilustración paso a paso http://tsuaufa-ilustracio.blogspot.com.es/2015/09/las-doce-caras-de-la-fortuna-1.html

diumenge, 18 d’octubre de 2015

El banquete de los trasgos I

El banquete de los trasgos I

Oh, baby don't you want to go?
Oh, baby don't you want to go?
Back to the land of California
To my sweet home Chicago

Now one and one is two
Two and two is four
I'm heavy loaded, baby
I'm booked, I gotta go
                          Robert Johnson - Sweet Home Chicago 

Llevábamos tres días perdidos más allá de la frontera. No teníamos gasolina para más de ciento cuarenta millas y media policía del distrito Calypso X iba tras nuestras ruedas. Jacob decía que nos lamían el culo, pero yo creo que estaban a punto de pisárnoslo bien pisado y de darnos un buen puntapié donde más duele. Dábamos vueltas al cañón rojizo y desértico y Jacob seguía bebiendo de su petate metalizado  y adornado con piel de serpiente. Seguía con su absurda teoría que el rodeo permitiría confundir nuestras roderas con las de la policía. Según el plan, cuando llegara la noche apagaríamos las luces y no podrían vernos entre la noche cerrada del maldito desierto.

 Jacob conocía la Zona de Nadie como la palma de su mano. Había sido fugitivo desde los dieciséis años y tenía más de 50. Llevaba el pelo largo, blanco con ribetes plateados y amarillentos, de la nicotina y las drogas de cristal líquido. Tenía la nariz aguileña, torcida vete a saber porque, la piel blanca tostada por años de deambular de costa a costa, conduciendo coches robados y desgeolocalizados, lo que le había traído no pocos problemas con las leyes de Calipso X y los Señores de los Genes. Vestía ropa antigua, de cuero y tejanos raídos  y llevaba un pañuelo rojo con lunares blancos diminutos en el cuello. “Para el frío de la noche”, decía enseñando su sonrisa desigual. Estaba acabado, pero quería morir en la carretera.  “Cuando muera quiero que mi cuerpo arda en algún lugar, en una noche bonita, donde alguien cante una bonita canción y una chica bonita esté triste y con el corazón roto”, decía. Era su testamento.“Y luego que mis cenizas sean abono para alguna malahierba”, como él siempre se había considerado. 
En el coche escuchaba música a todas horas, incluso durmiendo. “¡Música de la época dorada¡”, gritaba poseído. Sobretodo  blues antiguo y rock de frontera, heavy metal del que ya nadie apenas guardaba registro, solo forajidos y adolescentes de la costa oeste guardaban archivos de música de esta música maldita y proscrita en Calipso X y los 5  Distritos. Ese día no fue una excepción.
—¿Oh Jacob, Puedes quitar esta mierda de música? 
—Quien conduce escoge la música. Ley número dos de la carretera.
—¿Y cual es la ley número uno? 
—Que yo soy el conductor y tu el copiloto. Al menos hasta que hayas aprendido o yo haya muerto.
Jacob subió el volumen y soltó una carcajada ebria, loca y desdentada. Como era de esperar la conversación acabó aquí. 

Light glow
Había perdido a mi familia hacía mucho tiempo, tanto que ni recordaba cuando. Él me había recogido hacía un par de noches antes de entrar en el desierto. Me encontró a las puertas de un bar, cuando un par de tipos iban a pegarme o algo peor por culpa de un lío de apuestas. Y Jacob era ahora mi familia. Solo guardaba una foto de mi pasado y mi posible destino. Una foto que guardaba la llave de un tiempo que apenas recordaba. En ella aparecía una casa adosada, con un parque infantil en la entrada, dos niños jugando y una mujer embarazada. Recuerdos de una vida anterior a mi rehabilitación en las jaulas de Calipso X. Los Señores de los Genes habían trabajado duro conmigo. “Uno es lo que hace de él, con lo que hicieron de él”, decía Jacob, en aquellos destellos de lucidez que se regalaba de tanto en cuanto en su mar de locura. A mi los Señores me habían jodido. Les odiaba. Odiaba todo su mundo, sus leyes, sus ingenios, sus droides perfectos y serviciales y compadecía  sus hembras  y efebos programados para servirles, víctimas como yo de rehabilitaciones forzosas. Nada escapaba de su voraz apetito.
—¿Cual es la ley numero tres Jacob?
—Oh mierda Jess. ¿Crees que soy uno de esos putos políticos de Calypso X? Dos leyes ya son muchas para mi. Estamos tú y yo. De momento estamos nosotros. Solo nosotros, nuestro coche, una psitola, latas de conserva, vales de carburante y la carretera. La carretera… ¿Entiendes?
Asentí con una sonrisa. De nada serviría discutir con él algo tan obvio, tan sencillo. Par él la vida era sencilla. Solo había que conducir, beber, escuchar música y sobrevivir. Sencillo. 

Llegó la medianoche y viajamos a oscuras. Según Jacob era muy fácil llegar a la ruta principal sin ser visto. Aunque el tío no bajaba la música, pues decía que con los cristales hasta arriba no podía oírse, aunque  creo que era mentira, pero no podía razonarse con él en ese punto. A lo lejos podía distinguir las luces rojas y ambarinas de los coches robotizados de la policía, escuchar el rumor de los drones voladores que rastreaban la zona. Eran tan sigilosos como la música de Jacob. Pero nosotros estábamos siguiendo las rutas ocultas y secretas de la cofradía de los hermanos de la carretera. Y eso estaba fuera de las reglas de Calypso. Y los robots nunca conducirían por allí sus carros motorizados. Jacob decía que la libertad humana era el valor más preciado. Que ningún robot de mierda podía sustituir la conducción humana, porque fuera de los programas apenas sabían hacer nada. Aunque a decir verdad los accidentes en Calypso X  eran raros y casi nunca se producían imprudencias al volante, a excepción de las de los conductores ilegales como Jacob. 
 —Estamos a punto de llegar a la gasolinera de Ben.
—¿Quién es Ben?
—Mejor que no sepas mucho de él. Es un traficante que tiene un buen arreglo con Calypso. Les suministra “carne” a los Señores a cambio de que le dejen en paz en el desierto. Tiene un par de moteles donde se hospedan forajidos y gentes de mal vivir. Pondremos gasolina allí un momento. Los memos de la policía no buscaran allí, pues si no hay indicios seguros sus robotizados conductores no franquearan una zona protegida por las leyes de Calypso. ¿Entiendes semejante tontería? Hasta un zoquete podría deducir que estaremos allí repostando. Pero como no verán nuestro rastro se alejaran de allí por precaución.  Imbéciles…
Gasolinera antigua ruta 66
(Ed Ruscha)
Llegamos a la gasolinera de Ben, bien iluminada con luces azules y rojas de neón, con sus moteles de cristal azulado y paredes de cemento  y cuando Jacob encendió las luces, pues ya era seguro, nos llevamos un susto de muerte. Tras unos bidones había escondido un niño, un niño asustado, que temblaba al lado de uno de los lejanos surtidores de color naranja. Iba vestido como un deportista de esos de la liga de beisbol de Andromeda V. Tenía el rostro lleno de moratones y parecía paralizado por el miedo, pues parecía querer huir de algo pero estaba estático. Jacob arrancó el coche y lo llevó al surtidor naranja, mientras unos hombres parecían discutir con el encargado de la gasolinera, un tipo delgado y con aspecto de pasar un mal rato.
—¡Mierda niño, sube! –gritó Ben abriendo la puerta trasera. 
—Estamos a punto de poner gasolina. ¿Crees que podemos ayudarle?
—Cállate Jess, cállate. ¡Niño sube, por Dios, sube al maldito coche!

El niño subió y Jacob desechó rápidamente  repostar, pues sabía que demorarse era poner en riesgo la vida del chico y la nuestra. Aunque sin combustible probablemente quedaríamos tirados en medio del desierto. Huimos pitando de la gasolinera justo cuando los hombres de dentro parecían haber zanjado la discusión e iban a salir. Y entonces Jakob me miró con aquellos ojos rojos por la bebida y la locura de la música del Kill Em All de Metallica que sonaba a todo volumen y me dijo echando su aliento en toda de mi cara:
-¡Puede que el jodido mundo esté podrido sabes, que yo sea un loco suicida y tu un aprendiz de mierda de mi locura, pero él no tiene la culpa Jess, no tiene la culpa! ¿Lo entiendes? Son las reglas Jess, son las reglas de la carretera.

Y entonces el coche aceleró más y más a toda prisa, y por el retrovisor vi al niño, con su gorra de beisbol torcida, los mofletes morados de una paliza que no sabíamos quien la había propinado y una mirada en los ojos que valía todos los riesgos del mundo. No habría la boca. Estaba asustado, pero con una luz de esperanza. Siempre había pensado que nos aferramos a la inocencia de los niños porque  antaño perdimos la nuestra. Y luego giré la cabeza y fijé mi vista en la tierra baldía, más allá las montañas rojas recortadas entre el cielo estrellado, mientras en los oídos retumbaba la música incesante, el redoble de tambores, las guitarras estruendosas, la voz histérica del cantante y recordé algo bello, aunque enseguida se esfumó como un sueño liviano. Y nos perdimos en la oscuridad confiando en que el alba nos devolviera la sonrisa y la dicha de la vida.   



Bernat Roca

dissabte, 17 d’octubre de 2015

Los Tully: entre dos aguas

Los Tully: entre dos aguas

"In the valley lies the treasure
And the lady guards it well"
Lady of the valley, White Lion


Hoster Tully, el final de un patriarca
Los Tully como familia se presentan como un clan profundamente anclado en las tradiciones del mundo señorial que dibuja el maestro George R. R. Martin. Este mundo señorial, en apariencia de condiciones similares a la feudalidad europea clásica, se encuentra en un período en el que se adivina una transición latente hacia la modernidad. Una modernidad que no llega. Su lema Familia, deber, honor  es meridiano. Se aferran a una realidad que se resquebraja. Como los mismos Stark. Pero, ay, los norteños disponen del escudo de su terruño, parajes agrestes situados en un rincón de Westeros. Los Stark solo tenían que temer a los Bolton. Los Tully, en las tierras de los ríos, conviven precisamente con situaciones más líquidas, alianzas imprecisas, pasajeras, lealtades dudosas y cambiantes. Nunca nos bañamos en el mismo río, dijo Heráclito.
Lysa Arryn, lady of the valley
Y en efecto, los mismos Tully están marcados por la dualidad. Contaba John Steinbeck, uno de los  continuadores en el siglo XX de la épica artúrica – fundacional en la novela de fantasía anglosajona –, su fascinación por el inglés antiguo, por la ambivalencia de las palabras. Una de ellas, host, se refería tanto a “enemigo” como “amigo hospitalario”. Y cabe recordar que Hoster Tully puede ser un enemigo acérrimo, pero también quién protege a Ned Stark cuando este se enfrenta a los Targaryen en la Rebelión de Robert.
Maria Tudor, reina de Inglaterra
La dualidad Tully, la protección y firmeza para los suyos, la agresividad y ferocidad con el enemigo, se encarna también en Catelyn. La vemos en dos facetas temporales: la primera, la más Tully, como madre amantísima, dulce y conciliadora, pero implacable contra el inocente Jon Nieve; posteriormente, tiene otra vida, como Lady Stoneheart, donde aquella cálida esposa y progenitora se transforma en un demonio vengativo.
Qué decir de Lisa Tully, personaje de temperamento paranoico desde un buen principio. Su personalidad tiene dos notas, como madre ultraprotectora y como señora furiosa e histérica. La chaladura de Lisa se habría acentuado con el tiempo. Está loca (y si hubiera algo más allá de loca, el adjetivo la calificaría perfectamente) pero es suficientemente  retorcida y calculadora como para no meterse en la Guerra de los Cinco Reyes después de haber encendido la mecha ella con la detención de Tyrion. Otra vez la dualidad. Prefiere la destrucción de los Tully, de su casa solariega, de todos sus parientes, obedecer a Baelish, antes que resolver el (presunto) pleito con los Lannister. Su única disculpa sería que está enamorada de Meñique y que quiere evitar a toda costa una guerra en la que su hijo podría perder sus territorios y algo más. 
Lysa y Robert, from the craddle
La doblez y cálculo en su actuación anterior a Tormenta de espadas hace pensar que su enloquecimiento fue paulatino, así que con o sin Meñique de por medio, la personalidad líquida de Lisa es la que la lleva al desastre. El instinto de protección, de salvaguardar a su hijo por encima de la divisa Familia, deber, honor  es a la postre su perdición y la de los Tully. Con el Valle a favor, las posibilidades de Robb Stark se habrían multiplicado y Aguasdulces no hubiera caído. Lisa incluso se permite amenazar de muerte a Catelyn para favorecer sus intereses.
Aquí entra Brynden Tully, el Pez Negro. Familia, deber, honor. El Pez Negro, otrora mercenario que marchó de su hogar, tuvo también una vida dual. Como soldado de fortuna alejado de su hermano Hoster, vulneraba la divisa familiar, y acaba recalando en el Valle. Desengañado ante el comportamiento de su sobrina Lisa, finalmente vuelve al oeste y se convierte en uno de los comandantes de Robb reconciliándose con Hoster. Irónicamente, con Hoster, Catelyn y Lisa muertos, será él el que defienda Aguasdulces, solo, en Festín de Cuervos. Brynden, la oveja negra o el Pez Negro de la familia, es –paradoja – un hombre sin dobleces, férreo, de una pieza. Adusto, agrio, cabal. 
Edmure Tully no es Robin Hood
En ningún sentido es cabal el último de los Tully. Edmure es tan cretino como loca está Lisa, más cándido que Catelyn y tan poco remiso a la guerra como su tío Brynden, pero menos hábil y frío. Es el culmen de la dinastía, vamos. Edmure tiene una varita mágica para generar situaciones desafortunadas. Empieza proclamando Rey en el Norte a su sobrino Robb (primer lío, ya que aleja a Stannis de una alianza efectiva). Su victoria sobre Gregor Clegane al impedirle cruzar el río se convierte en una derrota estratégica de los suyos, ya que el plan de Robb era dejarlo pasar para aplastarlo entre dos fuerzas. Se lamenta como un crío cuando por necesidades dinásticas se le pide casarse con una Frey. Y lo peor, mientras Edmure está consumando su matrimonio (con bastante puntería, parece, pues Roslin Frey concibe el hijo la misma noche) toda su gente es asesinada en la Boda Roja.
¿Es un desastre Edmure? Poco le falta, parece, pero sin embargo, como su tío Brynden, es quién más se acerca a los ideales del mundo señorial ya caduco que representa su dinastía. El ideal imposible de aquella Europa feudal de oratores, laboratores et bellatores (los que oran, los que trabajan, los que guerrean, es decir, la aristocracia protege con las armas a los demás) se ejemplifica con Edmure Tully. ¿Quién sino Edmure asume la tarea de proteger a sus campesinos abriendo las puertas de Aguasdulces, aunque disminuya sus provisiones? ¿Acaso Edmure no cumple como vasallo de Robb y accede a casarse con una Frey? Tampoco es fácil su desempeño, haciendo frente a la Montaña Clegane o su misión ganando tiempo en Festín de Cuervos para que su tío Brynden huya de Aguasdulces. 

Brynden y Edmure, los Tully oscuros, con menos relieve y fama que las hermanas Catelyn y Lysa en la serie, son de hecho, los que más cumplen con el ideal de la familia. Aunque la familia tiene como emblema a un pez. Y con eso, no podemos dejar de pensar en otro linaje ilustre, los Tyrell, y como su matriarca Oleanna se lamenta de tener un emblema y una divisa también poco amenazadores. Oleanna se queja que los Stark, Lannister, Greyjoy, Targaryen… tienen lobos, leones, krakens, dragones, con lemas potentes… y los Tyrell solo una rosa y el lema ‘crecer fuerte’:

«Crecer fuerte». Las palabras más insípidas de todas las casas. «Se acerca el invierno», eso sí que es memorable. «Nosotros no sembramos», fuerte! Fuerte, ¡tienes que tener cuidado con estas casas! Lobos huargos y krakens, bestias feroces. Pero, una rosa dorada y ¿«crecer fuerte»? Oh, ¡qué miedo da! 
Bueno, con un pez, tampoco los Tully pueden ir muy lejos.

Siscu Vilaprinyó