dissabte, 11 de febrer de 2017

Entrevista a Joan-Carles Mèlich, filósofo y educador


Entrevista a Joan-Carles Mèlich, filósofo y educador 

"La vida es una sombra que camina..."
Macbeth, William Shakespeare


Joan-Carles Mèlich

Joan-Carles Mèlich (Barcelona, 1961) es doctor en filosofía y letras por la Universidad Autónoma de Barcelona, donde ejerce de profesor titular de filosofía de la educación. Entre sus libros, destacan Filosofía de la finitud (Herder), La lección de Auschwitz (Publicaciones de la Abadía de Montserrat), Ética de la compasión (Herder) y Lógica de la crueldad (Herder). Desde hace quince años se ha dedicado a elaborar una «filosofía antropológica de la finitud» en sus diversas expresiones: el cuerpo, el símbolo, la alteridad, la memoria, el deseo, la contingencia, el silencio y la muerte. En 2015 inició, con La lectura como plegaria (Fragmenta), la publicación de sus Fragmentos filosóficos, que tienen su continuación en La prosa de la vida (Fragmenta).

• ¿Qué te llevó a la filosofía en tu juventud? Me gustaba mucho la literatura, pero una literatura que me hiciera pensar. Recuerdo haber leído La transformación de Kafka cuando era muy joven, y también el primer volumen de En busca del tiempo perdido de Proust o Los hermanos Karamazov de Dostoievski. En las clases de filosofía de bachillerato teníamos que hacer un trabajo sobre un filósofo, y yo escogí a Heidegger. No entendí casi nada, pero el capítulo sobre la muerte de Ser y tiempo me impresionó.


• A lo largo de tu vida has tenido muchos profesores, pero seguramente pocos maestros. ¿Cuáles han sido los hombres y mujeres más influyentes en tu vida académica y personal? El primero fue mi profesor de filosofía en el bachillerato, el padre Santiago López Urmeneta, entonces un hombre joven, que me ayudó mucho. Después, en la Universidad Autónoma de Barcelona, ​​tuve muy buenos profesores: Octavi Fullat (mi maestro en filosofía de la educación, que me dirigió la tesis), Josep Montserrat Torrents, Pere Lluís Font, Victoria Camps, Raúl Gabás, Josep M. Udina,... En 1995 leo un libro que me cambia la vida intelectual y personal: Mito y cultura, de Lluís Duch. Comienzo a trabajar con él intensamente. Me incorporo al CSIC, como miembro del grupo de investigación "La filosofía después del Holocausto", y ahí conozco Manuel-Reyes Mate. Finalmente tengo la oportunidad de ir a Alemania a principios de los años 90, en la Ruhr-Universität Bochum. Allí daba clases de filosofía Bernhard Waldenfels, pero entonces yo no lo conocía. Lo descubrí por casualidad, porque la profesora con la que iba a estudiar, Kate Mayer-Drawe, al comprobar mis intereses, me dijo: 'Usted tiene que conocer al profesor Waldenfels". Y organizó una cena con él. Su influencia en mi pensamiento es enorme. Creo que Waldenfels es el mejor filósofo alemán vivo. Por desgracia es todavía un desconocido en nuestro país. A día de hoy diría que Duch y Waldenfels han sido los mi dos grandes maestros.

• En tus libros expones una filosofía de la finitud y de la compasión. ¿Cómo podríamos definirla brevemente? Es una filosofía contraria a la metafísica, que parte del ser humano que nace, goza, sufre y muere, de las relaciones concretas, históricas y corpóreas. Intento pensar el mundo y la vida desde la finitud y la contingencia. Esto ya hay autores que ya lo han hecho, pero no han desarrollado una ética. Me pasé ocho años pensándola, y finalmente la puede concretar en mi libro Ética de la compasión (2010).

• Siempre expones a un respeto a los clásicos, como Platón o Descartes, pese a que los criticas en tu obra. ¿Podemos decir que has evolucionado desde un pensamiento metafísico a uno antimetafísico? No creo que haya evolucionado desde un pensamiento metafísico, porque no creo que, en sentido estricto, haya sido nunca un metafísico. Pero el respeto, o la 'plegaria', es otra cosa. Tengo mucho respeto por los grandes pensadores metafísicos (Platón, Agustín, Descartes, Kant, Hegel...) aunque mi posicionamiento es otro. Yo pienso la vida y la ética desde Sófocles, Shakespeare, Dostoievski, Nietzsche, o Kafka, entre otros. Pienso la ética desde la compasión, desde la respuesta al sufrimiento del otro.


En Ética de la compasión citas un fragmento antológico de Hannah Arendt donde se expone la necesidad de que la pedagogía sea a la vez una tarea conservadora ya la vez renovadora. ¿Teniendo en cuenta de que partes del estudio del Holocausto qué opinión tienes del mundo actual, lo ves más cerca del Gulag o de Auschwitz o de 1984 de Orwell? No creo que la lógica concentracionaria esté tan lejos de la novela de George Orwell, 1984. Más bien diría que la distopía orwelliana es la consecuencia de esta lógica. La tecnología, en el sentido de ‘sistema tecnológico’, sería la expresión actual de una lógica de la crueldad que no hemos abandonado.
• En Lógica de la crueldad (Herder Editorial) expones la idea de que la moral no sólo es un sistema normativo para crear mala conciencia sino sobre todo para crear "buena conciencia", algo que criticas intensamente. ¿Cómo llegaste a este razonamiento tan evidente y que, en cambio, pasa tan sutilmente desapercibido? Diría que fue sobre todo estudiando los relatos de los supervivientes de los campos nazis. Me interesa sobre todo la lógica nazi, que aún resulta, por desgracia, vigente. Según esta lógica, de lo que se trata es de categorizar los cuerpos para poder tranquilizar las conciencias en el momento del exterminio. Las morales no sólo nos dicen lo que tenemos que hacer (deontología) sino también qué o quiénes somos (ontología). Primero nos categorizan y después dictan normas. Las morales, en su sentido moderno, operan categorialmente. La lógica nazi es la expresión más perversa y cruel de ello.
En el libro Filosofía de la finitud (Herder Editorial) escribes en la introducción que eres amigo de la nota, el apunte, el diario, el aforismo y todo lo que podríamos considerar fragmentario frente a la voluntad de sistema de otros filósofos. A pesar de ello tienes un libro en proceso (Crítica del perdón) que parece culminar esta "magna" obra de cuatro libros donde se describe toda una Weltanschauung, una cosmovisión propia. Cuando tiene previsto ver la luz? Cuando en 2014 terminé Lógica de la crueldad pensé que había que escribir un cuarto volumen sobre un tema que hacía años que me preocupaba mucho: el perdón. Ahora, casi tres años después, no sé si seré capaz de hacerlo. He escrito algunos fragmentos filosóficos sobre esta temática recogidos en La lectura como plegaria y La prosa de la vida, pero no sé si podré algún día escribir la Crítica del perdón. Quizás finalmente la tetralogía quedará en una trilogía...

• Dijiste en la televisión que lo contrario de la luz no es la oscuridad sino la sombra. Tu obra es, parafraseando Jun'ichirō Tanizaki, un ‘elogio de la sombra’? ¿Qué es la sombra para Joan-Carles Mèlich? La sombra es la metáfora de la vida humana. La sombra es la ambigüedad, es lo contrario de la metafísica, es decir, lo contrario de las ideas claras y distintas de las que habla Descartes... Como dice Shakespeare, al final de Macbeth: "La vida es una sombra que camina..." Este monólogo, que recupero y comento en La prosa de la vida, es maravilloso.


• Tu propuesta filosófica se fundamenta en la literatura y la música como experiencias que abren la persona a una dimensión de reflexión, además de estética. ¿Cómo podría esto tener más cabida en la pedagogía actual? No estoy seguro. Quizás no pensando la educación en clave 'competencial'. En la educación actual debería haber más lectura pausada, más clásicos, más diálogo, sin pensar en fines, utilidad o competencias...
F. Nietzsche 

• ¿Si tuvieras que escoger cinco filósofos o escritores con quien compartir una charla cuáles elegirías? Es una pregunta muy difícil. Quizá Platón, claro, también Shakespeare, Descartes, Kant, Nietzsche... y, si puedo añadir uno más, Dostoievski.

• ¿De qué autores te consideras más deudor o que te hayan influido más? Para mí Nietzsche siempre ha sido mi filósofo de cabecera, en concreto La genealogía de la moral. Pero también quiero destacar Freud (sobre todo El malestar en la cultura) y Kafka (La transformación, El castillo y El proceso). Hay algunas obras capitales para mí. Es el caso de Sobre el fundamento de la ética de Schopenhauer, de Ser y tiempo de Heidegger, del Tractatus de Wittgenstein, Los muertos de James Joyce, las Elegías de Duino de Rilke, y también, naturalmente, de El tiempo y la otro y Totalidad e infinito de Emmanuel Levinas. De los antiguos pienso sobre todo en las tragedias de Sófocles (Edipo rey, Antígona y Electra) y de Shakespeare (especialmente Macbeth). El Discurso del método de Descartes ha sido un referente de escritura filosófica. Siempre digo que quisiera escribir filosofía como escribe Descartes.

S. Freud
• Acabas tu ensayo Filosofía de la finitud afirmando que somos los hijos de Cronos, y por tanto corpóreos y finitos. Para los aficionados como yo a la astrología es familiar esta figura, ya que Saturno es limitación, corporeidad, aprendizaje. Argumentas que el placer es una manera de desafiar el tiempo, la voracidad de Cronos, y que el acto de amor es un desafío a esta finitud. ¿Los placeres corporales y los del intelecto valen igual? Para mí no son dos placeres diferentes. La mente es el gran órgano sexual humano, y el gran placer es la sexualidad 'mental', que es, obviamente, corpórea. Una sexualidad no mental no me interesa.

• Escribes con tinta de color y a mano. ¿Es por romanticismo o realmente crees que el escritor debe escribir a mano para darlo todo honestamente al lector? ¿Cómo se transporta después esta obra manuscrita, con notas a pie de página a formato informático? ¿O bien es una tarea de la que se encarga la editorial? Mis libros siempre los escribo a mano, en cuadernos y con pluma (y tinta de color violeta). Necesito vivir corpóreamente la escritura, sentir el olor del tintero y del papel del cuaderno. Sólo escribo directamente en el ordenador los artículos y alguna entrevista (como ésta). Cuando ya he escrito el texto a mano lo transcribo al ordenador, y sigo haciendo enmiendas y corrigiendo. Corrijo mucho, muchísimo, de forma casi obsesiva. Pero sobre todo me lleva mucho tiempo 'pensar' el texto. Por eso escribo con cuadernos. Normalmente suelo llevar algún cuaderno en la cartera. No sé cuándo aparecerá alguna idea interesante.



¡Muchas gracias a Joan-Carles por su amabilidad y esperamos que en 2017 se geste alguna obra más!

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