dissabte, 20 de maig de 2017

El torreón de Craster y una leyenda de los apaches de Nuevo Mexico

El torreón de Craster y una leyenda de los apaches de Nuevo Mexico

"En cuanto la poesía del mito es interpretada como biografía, historia o ciencia, muere."
Joseph Campbell

Robert Pugh como Craster
Uno de los lugares más bizarros de Juego de Tronos es el torreón de Craster. En la frontera entre los vivos y los muertos, más allá del Muro se encuentra este sinistro personaje que me llamó la atención desde el primer momento. Su forma de vida, rodeado de mujeres con quienes tiene hijos a los que sacrifica si son varones (all men must die) me recordó immediatamente a los escritos de Freud en sus trabajos sobre el Totem y el tabú, como el orígen oscuro y tenebroso (pudenda origo) de la civilización. El padre de Craster fue un hombre de la Guardia de la Noche y su madre una salvaje de la aldea de Árbolblanco. Su padre abandonó a su madre cuando Craster fue concebido. Cuando llevó al niño al Castillo Negro, los hermanos juramentados la echaron. De adulto, Craster se hizo con un Torreón en el norte más allá del Muro, donde vive con sus diecinueve esposas, muchas de las cuales son sus hijas, incluyendo a Elí, Dyah, Ferny y Nella (Wiki).
Para Freud el hombre primitivo vivía en harmonía con sus más oscuros instintos de supervencia y fue cuando canalizó esos instintos cuando empezó la cultura y se desarrollo el proceso auténtico de hominización. Los Dioses, y el Dios Padre especialmente, fueron el producto imaginario del hombre en ese proceso cultural que hizo que la mala conciencia creara una especie de "padre ausente" que pereseguía y juzgaba todo tipo de ofensas. Esa mala conciencia provenía del crímen primigenio y ese sentimiento de culpa, y tmabién el orden moral y social surgido de ese proceso se habían integrado finalmente en la mente del hombre dando lugar a la moral restrictiva de las religiones (que eran el baluarte de la severa instancia llamada Superego o Superyo). Jung y Cambpell ampliaron esa visión reduccionista de Freud para estudiar el mito en toda su variedad y complejidad, incluyendo a los arquetipos, las Diosas, etc...

Debo decir que por varias cuestiones nunca escribí este artículo porque me faltaba algo que pudiera
Craster y el héroe
darle más interés. Suponer que George R.R. Martin había leído Totem y Tabú de Freud no era suficiente. Y ese algo lo encontré en un libro de Joseph Campbell (Las máscaras de Dios, recientemente editado por Atalanta). En esta tremenda obra magna se encuentra una leyenda de los apaches jicarilla de Nuevo México -algo que me connecta totalmente con el imaginario de George- que nos remite al ambiente fronterizo y salvaje de Craster. La leyenda tiene un fuerte contenido sexual, lo cual es una muestra del estadio primitivo e infantil en el qual se originó el relato. La he suavizado a nivel formal, però no de estructura, para no amedrentar al lector. En todo caso la puede encontrar completa en las páginas 118-119 del libro Las máscaras de Dios. Según la leyenda había un Monstruo Cocecante que devoraba a todo aquel que se arcerara a una casa donde vivían muchas doncellas, que eran propiedad del monstruo. Llegó un héroe que desafió al monstruo y las muchachas lo tentaron a él, bajo riesgo de muerte (algo que puede observarse en las escenas de la Guardia de la Noche en la visita a Craster). Les preparó un brebaje para domesticarlas y que sintieran placer aun estando sin contacto físico con ellas. Para luego poder tener relaciones con ellas sin peligro debido a su naturaleza primitiva y salvaje. Está claro que Sam arriesga su vida en el encuentro con la mujer, algo que para el hombre primitivo era una prueba de hombría, un rito de paso de la edad juvenil a la adulta. Y que es la inteligencia lo que le lleva a salir bien parado de ese encuentro con la Diosa y no la fuerza bruta ni el instinto. Este es uno de los objetivos de los mitos ya que los artistas son creadores de mitos, de metáforas que permitan comprender la vida humana y darle un sentido que la ciencia muchas veces no puede darle. Si no fuera por este trasfondo psicológico-mitológico que lo sustenta todo el personaje de Craster sería de un surrealismo daliniano. Ese es uno de los aciertos de Martin: darle siempre una vuelta de tuerca a las cosas y explorar los límites de nuestra conciencia y naturaleza humana, llevándonos al asco, a la náusea existencial de la que hablaba Jean Paul Sartre. 

El hombre en estadio primitivo,  sin
nociones de bien ni mal
"No hay leyes más allá del Muro"
El motín en el torreón de Craster nos permite volver al estadio primitivo de la humanidad, a esa guerra de todos contra todos de la que hablaba el filósofo del miedo T. Hobbes.El hombre como lobo para el hombre. Vemos como del privilegio de un macho sobre las hembras se pasa a un derecho colectivo tras el asesinato del "Padre", con la mala conciencia que ello conlleva, pues quien ha matado corre el riesgo de ser matado también. Este proceso se ve en las leyendas griegas de Hesíodo por ejemplo en las batallas entre Zeus y su padre Cronos, y entre Cronos y su padre Urano. Ese incesto que no permite crecer a los varones para que no se rebelen contra el padre, algo que está en los mitos griegos de Hesíodo cuando Gea, la madre tierra, ha engendrado con Uranos su numerosa prole pero este no le permite nacer hasta que Cronos, el primer rebelde corte los genitales a su padre, del cual nace la poderosa Afrodita, diosa del amor y la pasión. La sucesión de parricidios solo termina cuando Zeus se reparte de forma ordenada el botín del mundo con sus hermanos: Hades a quien dona el infierno, Poseidon, senyor de los mares y se reserva los cielos para si mismo instaurando el orden Olímpico que permite la creación de la civilización y el inicio de la historia, del tiempo cronológico


La Mano del Rey

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